thumbnail Hola,

El volante de Boca le apuntó al periodismo por filtrar una crítica de un referente hacia Bianchi y expuso a Orion como el culpable. Guía para entender la relación jugadores-prensa.

En este espacio no se hablará sobre si Pablo Ledesma juega mal o muy mal: en Goal ya lo hemos escrito. Hubo, y seguirán habiendo, columnas, editoriales, textos analíticos, bien futboleros, sobre lo que consideramos, desde nuestro lugar, fallas en el funcionamiento de Boca.

Esta vez se hablará sobre otra cuestión, mucho menos tangible para el hincha común, que no hace a la esencia del juego, pero que lo ayudará a entender el detrás de escena, a leer el mapa completo, sin caer en una defensa corporativa del periodismo.

Pablo Ledesma se enojó con la prensa en general y con el diario Olé en particular porque se publicó que un referente del plantel piensa que “con Falcioni el equipo sabía a qué jugaba, y con Bianchi, no”. Antes, Ledesma lo había hecho off the record, boqueando ante el grupo de periodistas que suelen cubrir los entrenamientos. Ahora lo hizo abiertamente, en una conferencia de prensa. Primer gran error: le dio exposición pública a un tema que había pasado de largo, lo magnificó, logró que el periodismo deportivo le diera minutos de aire y tinta de sus páginas a una cuestión completamente secundaria. Ledesma, como en la cancha, volvió a jugar mal.

Porque cuesta creer que lo de Ledesma haya sido una maniobra de una inteligencia superadora, que buscara desviar las miradas hacia los problemas internos del plantel para que deje de hablarse, al menos por un rato, del flojo nivel de este Boca.

En segundo lugar, Ledesma apuntó a un compañero: Agustín Orion. No lo nombró, pero lo dejó expuesto al asegurar que los referentes que jugaban con Falcioni eran cuatro: su amigo Riquelme, Rivero (“con quien tomo mate todos los días”), él mismo y Orion, con quien todavía no había hablado. Por pedir la cabeza del “soplón”, se transformó en uno: segundo gran error.

Ledesma debería aceptar que convive con compañeros que filtran cuestiones a los periodistas. Puede no gustarle, pero es así. Puede enojarse, pero siempre fue así. Su enfado atrasa 20 años.

¿Buchones? ¿Confidentes? ¿Traidores? ¿Oportunistas? Los futbolistas, por conveniencia, suelen revelarles situaciones a los periodistas. Los referentes, para que su verdad se instale, para sumar poder. Los titulares, porque creen lograr protección mediática, un paraguas ante las críticas por rendimiento o las bajas calificaciones que pudieran darles en los medios escritos. Los suplentes, para ser titulares. ¿Cuántos futbolistas de un plantel de 25 son “topos”? Seis o siete, en promedio. Algunos cuentan hechos superficiales, cositas de color, noticias que no moverán la aguja: hablé con fulanito, que está lesionado, y no va a jugar. Otros eligen detallar discusiones en el vestuario, retos del entrenador después de una derrota, conflictos en una concentración. Y desde hace unos años, hay que agregar la data que acercan los representantes. A todo eso hay que cotejarlo, tamizarlo, para obtener la realidad.

La cuestión no pasa por si Ledesma está jugando mal o muy mal. ¿Se entiende?

Cuando trasciende una cuestión interna de un plantel, luego de publicada, en general los referentes encaran al periodista. Le piden el o los nombres del “buchón”. A veces, incluso, lo invitan a ingresar al vestuario para señalar al delator delante de todos. Pero todos (los futbolistas y el periodista) saben que es inviable, que jamás sucederá. Es habitual que en aquel grupito de cuatro o cinco indignados, estén uno o dos de los confidentes. Obvio, ninguno sabe que el que está a su lado también habló. Es un gran acting que termina en nada. Los futbolistas, entonces, acuerdan dejar de hablar con ese periodista/medio durante un tiempo. Pero ya no saben cómo reaccionar cuando las noticias se siguen filtrando.

Tercer gran error de Ledesma: ¿y si no fue Orion?

Siempre, siempre, es mejor hablar en la cancha.

Relacionados