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El Xeneize ganaba gracias a un tiro libre exquisito de Sánchez Miño pero Maidana lo empató en una jugada polémica. El próximo sábado vuelven a encontrar en Córdoba.

Sea en verano, en invierno, por el torneo o por una copa, el Superclásico es un espectáculo único en Argentina y para los viajados, en el mundo entero. Es triste destacarlo, pero éste, así como los que se jugarán en Córdoba y Mendoza, tuvo el condimento de que hubo hinchadas de los dos equipos. La mala costumbre de ver canchas semivacías nos había hecho olvidar el fervor de un Boca-River a estadio lleno y la intensidad fue recíproca: el calor estuvo en las tribunas y también adentro de la cancha.

La amonestación de Ledesma en el primer minuto de juego marcó el rumbo de un partido que tendría altibajos en el ritmo, pero nunca el vigor por parte de ambos conjuntos. Como en cualquier clásico, hubo chispazos en todos los sectores de la cancha pero paradójicamente las expulsiones vinieron por reacciones dignas de un debutante sobrepasado por los nervios, aunque tanto el Cata Díaz como Cavenaghi tienen varios superclásicos sobre sus lomos.

Precisamente, el que detonó el primer estallido en las tribunas no fue un experimentado, sino un joven cuya habilidad ya no es noticia, pero sí lo es el majestuoso tiro libre con el que puso en ventaja al equipo de Bianchi. También traerá una extensa discusión con varias opiniones de por medio el polémico gol de Maidana, que primero se llevó la pelota con la pierna en una altura poco prudencial y un segundo después de dar el pase a la red le estampó la suela del pie derecho en la panza a Orion.

A pesar del empate y de la irrefutable sensación de inconformismo que este resultado genera, Bianchi puede sentirse pleno por la aparición del escurridizo Luciano Acosta, y tranquilo por la calidad intacta de Fernando Gago, que si mantiene ese nivel durante varios partidos consecutivos será el mejor refuerzo del Virrey.

Del lado de enfrente, en cambio, River quedó en deuda por no poder adueñarse del partido con la ventaja numérica y dejó una pálida imagen en ataque, porque sólo inquietó a Orion con envíos aéreos y le faltó juego asociado entre Lanzini, Teo y Cavenaghi.

Quedan dos Superclásicos de verano y sólo los entrenadores saben qué jugadores utilizarán. Ambos deben tener ítems en la lista de pendientes, pero Ramón sabe que esto es todo lo que tiene, mientras que Boca puede ilusionar porque aún faltan ajustes de la mano de Bianchi y todavía no volvió Riquelme.

 

 

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