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El Xeneize no consiguió ningún rédito económico importante por varios jugadores a quienes adquirió en altas cifras y que tampoco lograron rendir en gran forma.

El último año de Boca fue para el olvido. No sólamente por las dos flojas campañas que realizó el equipo, del cual se esperaba mucho más, mayormente por el regreso de Carlos Bianchi, sino que además no ha logrado que los refuerzos que se trajeron en los últimos mercados de pases se afiancen en el club. Es por eso, entonces, que el club comienza a deshacerse de jugadores que se trajeron y que nunca rindieron.

Este es, principalmente, el caso de Damián Escudero. El Pichi llegó al club en 2010 desde Villarreal, cuando el Xeneize, bajo la conducción de Jorge Ameal, adquirió en algo más de 2 millones de dólares el 50% de su pase. Sin lugar entre los once, ni con Claudio Borghi, ni con Julio César Falcioni, ni con Carlos Bianchi, Escudero fue cedido a Vitória Bahía, equipo de la Serie A brasileña, que ahora adquirió su pase por aproximadamente 200 mil dólares.

Pero este no fue el único negocio que salió mal este año. Christian Cellay, otro de los resistidos que había llegado en la misma época por, también, 2 millones de dólares, rescindió su contrato a mitad de año, luego de un flojísimo primer semestre bajo la conducción técnica del Virrey. Jugó como lateral derecho y, tras disputar unos pocos partidos, bajó a la reserva. En julio, decidió rescindir su contrato, entre críticas al técnico y a Juan Román Riquelme.

Además, durante el último mercado de pases, Daniel Angelici no logró retener a Santiago Silva, quien también rescindió su contrato, ni a Leandro Somoza, que fue traspasado como jugador libre luego de que el club pusiera casi un millón de dólares por su pase (ambos a Lanús, donde fueron campeones).

A la salida de estos dos se suma también la de Wálter Erviti a Atlante, quien había llegado por la nada despreciable suma de algo más de 3 millones de dólares, luego de llegar a un acuerdo con la dirigencia para poder salir del club. Y las más reciente rescisiones de Franco Cángele, quien se unió en junio y finalizó su vínculo hace pocos días, no sin antes tirar algunos palos en contra de Bianchi, y de Matías Caruzzo, quien llegó al club por algo más de 2 millones de dólares y ahora emigrará a la Universidad de Chile sin dejar nada más que un título en las arcas Xeneizes.

Si bien ninguno de estos jugadores llegaron a la institución por intermedio de la gestión de Angelici, salvo Cángele, sus tumultuosas salidas sí se dieron durante su presidencia, que además carga con incorporaciones que nunca terminaron de convencer ni al entrenador ni a la gente, como la de Claudio Pérez Ribair Rodríguez, a quien no se le renovará el préstamo, Guillermo Burdisso, quien podría volver a préstamo a Arsenal (aunque la CD haya decidido que se quedará).

Tal vez por eso el Tano prefiere "traer jugadores a préstamo y ver cómo se desempeñan con la camiseta de Boca antes de adquirir su pase", como bien dijo hace unos días. Tal vez, por eso, Hernán Grana, a pedido del DT, y Juan Forlín, de la mano de la CD y conocedor del club, son los elegidos para reforzar las zonas más flojas del equipo. Escoba, borrón y cuenta nueva será para un equipo que estará obligado a campeonar.

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