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Un año atrás, La Bombonera explotó contra el entonces entrenador de Boca exigiendo su renuncia y la vuelta de Bianchi. Hoy, la realidad futbolística del equipo es peor que aquella.

Aquel sábado 8 de diciembre de 2012 fue un día atípico para Boca. La última fecha del Torneo Inicial enfrentaba al cuadro por entonces dirigido por Julio César Falcioni ante un Godoy Cruz que presentaba en el banco a un ídolo xeneize como Martín Palermo. En la cancha, el que se despedía era Rolando Schiavi, otro ídolo. La Bombonera ardía, entre la vuelta del máximo goleador de la historia del club, el homenaje al Flaco que se iba y una quizás exagerada bronca con el entonces entrenador, potenciada por las declaraciones entresemana de Juan Román Riquelme quien, retirado por decisión propia, creyó que era un buen momento para sacar algunos trapitos al sol contra el Emperador. Boca ganó ese partido por 2-1, redondeó un aceptable torneo con 33 puntos, pero finalmente Falcioni se tuvo que ir, ya que el clamor de la gente obligó a la dirigencia a no renovarle el contrato.

La excusa que se dio en ese momento, de parte de dirigentes, hinchas y periodistas, fue que los resultados durante ese 2012 no fueron los esperados. Boca apenas había conseguido la Copa Argentina y había llegado a la final de la Libertadores, pero mancó en el final del Clausura, casi entregándole el título en bandeja a Arsenal, quedó eliminado en primera ronda de la Sudamericana ante Independiente y, en el mencionado Torneo Inicial, finalizó sexto, con 33 unidades, a ocho del campeón Vélez. Analizando fríamente los números, la campaña 2012 de Boca no fue mala, aunque le faltó un título importante. Además de los resultados, otro foco de crítica era el estilo de juego que pregonaba el entrenador, demasiado cauteloso y especulativo para muchos simpatizantes Xeneizes. Entre las buenas para Julio César, más allá de algunos resultados, están haber promovido a varios juveniles y asentado a otros como Erbes y Sánchez Miño, hoy los jugadores de mayor cotización surgidos de la cantera.

Más allá de los argumentos, la verdadera razón por la que no se le renovó el contrato a Falcioni fue la mala relación con los hinchas, fogoneada desde los medios por un Riquelme momentáneamente retirado. Román, aduciendo falta de energía y motivación, había dejado de jugar tras la final perdida ante Corinthians en San Pablo a mitad de ese año. Para sumarle más fichas al confundido hincha de Boca, el que apareció en escena fue Carlos Bianchi, quien por primera vez dio señales reales de querer despertarse de esa siesta casi eterna para volver al club con el que había ganado todo. Los dirigentes, adrede o sin saberlo, terminaron de poner el último ingrediente pasando un video en el que aparecía el Virrey saludando a Schiavi. Y La Bombonera hizo boom. Cantó a favor de Riquelme, repudió a Falcioni y pidió por la vuelta de Bianchi.

Ayer, 8 de diciembre de 2013, justo un año después de aquel partido ante Godoy Cruz, Boca cerró uno de sus peores años en los últimos tiempos. Anteúltimo en el Torneo Final, la excusa con la que se intentó salvar el primer semestre fue la llegada a los cuartos de final de la Libertadores, en la que el Xeneize quedó eliminado por penales ante Newell's. Si bien llegar a los cuartos de la Libertadores no es un fracaso rotundo, lo cierto es que ese Boca llegó a esa instancia casi de casualidad, jugando muy mal y habiendo pasado una primera ronda en la que perdió tres partidos. Para colmo, el conjunto de Carlos Bianchi quedó eliminado en octavos de final de la Copa Argentina ante All Boys.

Lo del segundo semestre, más actual y contemporáneo, ya lo conocen todos: Boca "peleó" un Torneo Inicial atípico, el que tendrá al campeón con menos puntos desde la instauración de los 3 puntos por victoria, más por inercia y mediocridad de los de arriba que por mérito propio. A esto hay que sumarle la gran cantidad de lesionados (60) que tuvo el plantel durante el año, y que no logró clasificarse a ninguna copa.

Por supuesto que la espalda de Bianchi es mucho mayor que la de Falcioni, y la paciencia hacia el Virrey de parte del hincha de Boca -y también del periodismo- es mayor que la que se tendría con otro entrenador. Pero aún hoy, un año después de su ida, hay quienes siguen echándole parte de la culpa del mal año a Falcioni, enchastrándole en la cara el armado del plantel con el que se encontró el actual DT.

Aunque si se repasan los equipos de ese último semestre de Falcioni en Boca con el actual, se verá que las coincidencias de nombres son pocas, incluso dentro del plantel. Orion, bastión tanto de aquel equipo como de este, sigue siendo el arquero. Franco Sosa ya no está más en el club, lo mismo que Schiavi y Clemente Rodríguez, a quien Bianchi dejó ir. Caruzzo, el central que reemplazó a Insaurralde, vendido a Rusia, ya estaba en el plantel desde la época de Borghi y aún hoy es parte de la rotación. En el medio habían aparecido jóvenes como Guillermo Pol Fernández, Cristian Erbes, Juan Sánchez Miño y Leandro Paredes, que rotaban con Pablo Ledesma, Leandro Somoza y Walter Erviti, estos dos últimos del riñón del entrenador, y quienes no tenían una buena relación con Riquelme, pero que en la cancha rendían, en especial Erviti. Arriba, Lautaro Acosta y Santiago Silva, otro de los preferidos del entrenador, jugaban de entrada, con algunas variantes en el banco como Lucas Viatri y Nicolás Blandi.

Bianchi cambió a casi todo el equipo, se quedó con los jugadores que quiso y la dirigencia le dio el gusto con jugadores de renombre como el Cata Díaz, Juan Manuel Martínez, Emmanuel Gigliotti y Fernando Gago, sumados a la vuelta de Riquelme al equipo. Aún con un plantel nutrido, la campaña de Bianchi apenas mejoró del primero al segundo semestre, más allá de lo que dice la tabla de posiciones. Boca jugó muy mal, de visitante perdió partidos insólitos, a veces por diferencias abultadas, le llegaron con facilidad, convirtiendo en figura a su arquero en todos los partidos, y en ataque generó pocas chances de gol, especialmente por la falta de juego asociado, más allá del bajo nivel de varios de sus jugadores.

Bianchi ya no tiene más excusas. El año que viene su Boca deberá levantar el nivel. Ya hizo limpieza en el plantel, lo reforzó a su gusto, tiene variantes en todas las líneas y una hinchada que, hasta ahora, jamás le reprochó algo, aún cuando tuvo una y varias razones para hacerlo. Lo que no puede permitirse Boca es otro año como el que pasó, y no sólo por la falta de títulos, sino por lo que muestra dentro de la cancha. Un equipo desangelado, poco solidario, sin hambre y que por momentos deambula como zombie sin un objetivo. Y en esto el Virrey estuvo acertado en el análisis: "Tenemos que cambiar la actitud". Porque si hay algo que el hincha de Boca no negocia, es la actitud.

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