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Después del escandaloso final en Sarandí, Herrera no informó a ningún jugador y las sanciones volverían a ser leves. Una vergüenza más y van...

El fútbol argentino está enfermo. Aunque muchos intenten esconder esta realidad, su estado es crítico. Y sin signos de mejora. Porque quienes deberían encargarse de protegerlo y trabajar por su recuperación, prefieren esconder su diagnóstico debajo de sus intereses, con curas superficiales que no hacen más que empeorar la delicada situación que vive en el último tiempo.

Hace menos de una semana, ya sorprendía la insólita decisión del Tribunal de Disciplina de castigar a los informados de Boca y Godoy Cruz, con una fecha de suspensión. Y ante sanciones tan ridículas como superficiales, la lógica nunca falla: los incidentes se repiten.

Los inmediatos imitadores de Ledesma, Curbello y compañía fueron los futbolistas de Arsenal y Gimnasia, que volvieron a mostrar una escena bochornosa. Esta vez, el árbitro del partido, Darío Herrera, sí les mostró la tarjeta roja a varios jugadores (Pérez y Aguirre, de Arsenal; Mussis, Díaz y García, de Gimnasia), pero no informó a ningún otro futbolista. Ni siquiera a Monetti, que le pegó una trompada descalificadora a un asistente. Y el castigo para los expulsados volvería a ser tan leve como la semana pasada. O sea, una pena todavía menor. Siga, siga, que todo pasa.

La absurda medida de prohibir el ingreso de hinchas visitantes, como si la violencia no estuviera presente entre los hinchas con el mismo color de camiseta, quedó nuevamente en evidencia al ver que ahora los incidentes también se dan dentro del campo de juego, entre colegas que parecen naturalizar una situación que merece un análisis más profundo.

Y no alcanza con el arrepentimiento. Los jugadores tienen que hacerse cargo de la parte que les toca. Tanto como los jueces que terminan siendo cómplices de las arbitrariedades de los dirigentes, y las autoridades que con sus medidas que terminan “dándoles permiso” a los protagonistas para seguir actuando de esta manera. Porque se va a repetir, ¿alguien lo duda?

Y mientras eso pase, lamentablemente, el fútbol argentino seguirá agonizando.

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