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Siempre que coincidieron en cancha, Boca ganó y no le convirtieron. Si Bianchi dispone de ellos en las últimas seis fechas, el Xeneize peleará hasta el título hasta el final.

Boca es un equipo que pasa fácilmente del desencanto a la ilusión. De estar casi muerto en la pelea por el campeonato, a un empate agónico frente a Godoy Cruz. Ha sido así durante todo el Torneo Inicial. Y viceversa: costoso triunfo ante Belgrano como visitante en el primer partido de esta temporada, derrota inocente vs Newell’s tres días más tarde en la Bombonera. Victoria sufrida contra River en el Monumental, empate decepcionante con Rosario Central.

Este viernes, con Colón, triunfo que lo pone a tiro de la punta nuevamente, jugaron juntos por tercera vez Juan Román Riquelme y Fernando Gago. Siempre que ellos coincidieron, su equipo ganó y no le convirtieron goles. El panorama limpio de lesiones, un mal que atormentó al DT Carlos Bianchi durante todo el año, incluye a estos dos futbolistas. De no mediar imprevistos, Riquelme y Gago serán de aquí al final del campeonato el mejor argumento de Boca para justificar su eventual coronación.

La visita a San Lorenzo, una prueba determinante. Esa cancha, habitualmente esquiva a la suerte de Boca, será la última parada o el mejor impulso. Se supone que el 10 y el 5, reemplazados por Bianchi en el segundo tiempo ante los santafesinos, llegarán al partido del domingo en óptimas condiciones físicas.

El primero no pudo completar los noventa minutos en el Superclásico por un golpe en la rodilla y sufrió una fatiga muscular sobre el final vs Godoy Cruz. El segundo no jugaba desde el 6 de octubre a causa de un desgarro también en el partido con River.

¿Cuál es el aporte de estos dos futbolistas? ¿Cuáles son los motivos para que el hincha se ilusione? Cuando Riquelme y Gago juegan juntos, Boca juega con fundamento, no prioriza los instintos. El equipo deja de ser un mero buscador de oportunidades, actitud sin concepto, aplica un método. El método del pase, del desmarque oportuno y constante, la principal virtud de la dupla que por TV no se advierte.

El ímpetu ofensivo con que Boca dominó a Colón en el primer tiempo se debió a esta característica, la de generar huecos (no encontrar) por donde avanzar. Así se revalida como equipo, cuando Jesús Méndez y Nahuel Zárate, los laterales, suben recurrentemente y abren la cancha, cuando Juan Manuel Martínez cambia de punta en todas las jugadas o Juan Sánchez Miño recibe con cinco o más compañeros delante suyo, opciones claras de pase, y Emmanuel Gigliotti sale del área, rebota y vuelve a meterse. Hay movimiento, hay calor. Están ellos dos.

La diferencia entre el partido de este viernes y el último que había jugado como local, el empate contra Central por aquel agónico gol de Sebastián Abreu, fue la presencia de Gago. Boca no está exento a sufrir el empuje de un rival. En el segundo tiempo, Colón, con sus limitaciones a cuesta, intentó pasarlo por arriba como lo hicieron los rosarinos. De a ratos lo consiguió, pero ese atosigamiento no fue permanente.

Al volante de la Selección argentina le sobra concepto para interrumpir los mejores lapsos del adversario. Su tarea es simple: generalmente le basta con abrir juego a los costados. Desde la tenencia, propone un cortocircuito a los buenos momentos del adversario.

Riquelme y Gago son garantía desde las estadísticas y desde el juego. Quilmes, River y Colón, tres triunfos, arco en cero y pasajes de un nivel de juego jerárquicamente distinto a lo que suele observarse en las canchas argentinas.

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