thumbnail Hola,

El equipo de Alfaro, campeón de la Copa Argentina, es una huella digital del fútbol argentino. Criticarlo sería criticar a la gran mayoría del resto de los equipos. ¿O no?

Son pocos los que pueden cuestionar el presente de Arsenal, que ayer se consagró campeón de la Copa Argentina tras golear a San Lorenzo en Catamarca. Ni el periodismo, ni los entrenadores y futbolistas de equipos rivales. Casi nadie. Las suspicacias en torno al éxito de los de Sarandí, motivadas por la filiación de este club con la familia Grondona, más que desmerecer a Arsenal denuncian a quienes lanzan o sugieren sus teorías conspirativas.

El equipo de Gustavo Alfaro es una huella digital de este fútbol argentino. Un prototipo fiable: tosquedad, aspereza, rigor, marca, sacrificio, oportunismo, viveza. ¿Quién puede lanzar su primera piedra contra esta tendencia que se ratifica domingo tras domingo? Acaso Newell’s, Vélez y algún otro equipo.

Después del partido con All Boys, una de las semifinales de la Copa, las sospechas en torno a Arsenal se dispararon como nunca antes. Diego Ceballos, el árbitro de ese partido, se equivocó notoriamente en favor del reciente campeón. Julio César Falcioni, entrenador rival, y algunos de sus dirigidos pasearon su bronca por radios y canales de televisión. Por más rencor que pudieran tener los muchachos de All Boys, no existe otro motivo para creer que lo de Ceballos fue impericia y no intención. Y si existiesen argumentos que pudieran sugerirlo, ningún presidente de ningún club salió a denunciarlos públicamente. En el hipotético caso de que esto fuera así, de que Arsenal gozara de una protección amparada en el temor o la comodidad del resto, ese resto es tan poco merecedor del éxito como lo sería el club que preside Julio Grondona hijo.

Arsenal es un campeón y un equipo auténtico. Juega siempre igual, su entrenador y sus futbolistas no entronizan discursos románticos que después no cumplirán. Está diagramado para no perder y, en el sinceramiento de sus intenciones, se termina imponiendo sobre la mayoría, embobada en cuestiones de historia y en presuntas obligaciones.

Guste o no guste, este equipo es el alimento que se cocina en este horno que es el fútbol argentino y que tiene por cocineros a: periodistas, entrenadores, dirigentes, jugadores, representantes e hinchas. Todos, en mayor o en menor medida, están hechos para no perder, como Arsenal. Ejemplo, los medios que, desde el discurso utilitarista, viven consagrando estadísticas sin contexto; los hinchas, máquinas autoprogramas para reclamar resultados (inmediatos); los representantes, un anabólico peligroso y necesario para el crecimiento comercial de los jugdores. Arsenal, entonces, somos todos. O casi todos, generalizar es erróneo.

Relacionados