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La cantidad de técnicos que se fueron en la B Nacional duplica a los casos de Primera. El dato refuta una de las recetas más reclamadas para extirpar a los campeonatos cortos.

En el fútbol argentino no existen teorías, existen hipótesis. No hay verdad que no pueda ser rebatida mañana. Por estos días, una de las recetas de cabecera para extirpar el mal de los ciclos cortos peligra tanto como los entrenadores en sus cargos. Los torneos largos, señalados como una probable solución, exhiben su costado desprolijo e histérico.

Se jugó la mitad del Torneo Inicial y cuatro técnicos fueron reemplazados. Luis Zubeldía cayó primero que todos. En la cuarta fecha renunció -o lo echaron- a su cargo en Racing y su lugar fue ocupado por Carlos Ischia, quien el domingo 6 de octubre siguió los pasos de su predecesor, tras la derrota ante Atlético de Rafaela. Diego Cagna se fue de Tigre en la 6ª, reprochando la voracidad del sistema, y este lunes Rubén Darío Forestello dejó Colón, una auténtica ballena franca que no para de tragar DTs.

Los cuatro casos de Primera se duplican en la B Nacional, donde los campeonatos duran más del doble de fechas (42 contra 19). ¿Y el trabajo a largo plazo? ¿Y la planificación? ¿Y el proyecto? El listado: Miguel Ángel Brindisi (Independiente, 4ª fecha); Sebastián Rambert (7ª, Aldosivi); Carlos Reinaldo Merlo (7ª, Douglas Haig y también renunció a Aldosivi 48 horas después de asumir y antes de deutar); Jorge Luis Brown (Ferro, 9ª); Tobio-Ojeda (10ª, Almirante Brown); Ricardo Rezza (10ª, San Carlos); Daniel Garnero (10ª, San Martín de San Juan); Antonio Mohamed (10ª, Huracán) y Frank Kudelka (11ª, Instituto)

Los dirigentes desesperados dejaron de ser el único problema. Los entrenadores empezaron a creerles. Y ahora repiten los discursos ya gastados que ofrece la coyuntura: “Hay que descomprimir”, “El equipo no responde”, “No puedo atornillarme en el cargo”. Quienes tienen que rebelarse agachan la cabeza.

Un sector importante del periodismo se suma a esta cadena de autómatas que preserva un florido catálogo de lugares comunes para cada ocasión. Por caso, los torneos de ida y vuelta se siguen postulando como la vacuna contra la enfermedad. El problema, como todos los problemas, también es discursivo. Es necesario reformular algunas verdades de piedra que atrasan y empeoran el contexto. Un ejemplo: Ricardo Caruso Lombardi suele ser reclamado para tal o cual equipo cada vez que entra en crisis con el promedio. Caruso es el principal síntoma del fanatismo que existe por la especialización. El fútbol argentino consagra especialistas para todos los momentos. Un excesivo recorte de los tiempos, el vicio de asignar recetas y apellidos, contradice la idea del largo plazo. E, inconsciente o conscientemente, esquematiza. Se requiere la presencia de dirigentes capaces de absorver la presión de los hinchas, de iniciar un lavado de cerebros que trasciende al fútbol e incluso a la cultura argentina.

Otro invento de algunos periodistas vernáculos: “En Europa esto no pasa”. Inter de Milan despidió a los dos predecesores del actual entrenador. Claudio Ranieri se fue en marzo de 2012 y Andrea Stramaccioni en mayo se enteró por un llamado telefónico del director deportivo que no seguía en el club. Diez días antes, Manchester City le mandaba el telegrama de despido a Roberto Mancini, DT campeón de la temporada 2011-2012 de la Premier League. La semana pasada, a Genaro Gatusso lo echaron de Palermo, que está en la Serie B del Calcio. Y eso que allá también hay torneos largos.

Otras cuestiones menos visibles alimentan la picadora de carne de técnicos. La barrabrava, por ejemplo, sufre ajustes cada vez que el equipo anda mal. O, mejor dicho, se priva de ganar una buena suma porque ese mismo equipo no está puntero o jugando alguna copa. Las ambiciones comerciales de los futbolistas atentan contra el vínculo con sus camisetas y sus entrenadores. Nadie se juega el pellejo por nadie. Nadie se inmola por nadie. Muy pocos son los que siquiera plantean esta situación como un problema. Paga el fútbol, el juego: pululan los esquemas conservadores. Eso, los técnicos duran hasta que sus planteos amarretes se desencuentran con la fortuna, y lo que antes era un tiro en el palo ahora es gol, y así hasta consumar una, dos, tres derrotas consecutivas. Y se van, y vienen otros, y se van y seguirán yéndose…

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