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Newell's brindó una clase de fútbol con manejo de pelota, posesión casi total y superioridad ante el "cuco" del torneo. La diferencia entre un proceso y la falta de ideas.

Newell's y Gimnasia no sólo disputaban ayer el partido que tenían pendiente de la 2º fecha del Torneo Inicial, sino que se dirimían la punta de la tabla al cabo de cuatro jornadas. Y sin lugar a dudas, fue una ratificación del poderío que tiene el equipo Leproso hoy en el fútbol argentino, que le valió el título en el semestre pasado.

No sintió ni la ida de Gerardo Martino, ni la ausencia de una de sus figuras como era Ignacio Scocco. Fue abrumadora la diferencia entre los dos equipos en cuanto a la posesión, aspecto en el que los dirigidos ahora por Alfredo Berti no modificaron nada de lo que ocurría en el ciclo anterior.

Los futbolistas del Lobo, que habían demostrado en sus primeros partidos mucha presión y estar preparados físicamente, sólo se dedicaron a correr atrás de la pelota. Es verdad que el primer gol llegó por intermedio de un córner, pero no era únicamente el desgaste en el cuerpo sino a nivel psicológico, de saber que tomaban contacto de forma esporádica con el balón.

Quienes no comulguen con este estilo, dirán que la mayoría de los pases pasaron por ese rombo integrado por Nahuel Guzmán, Victor López, Gabriel Heinze y Diego Mateo, siempre en terreno propio. Pero así fue la tarea de desgaste, para luego intentar ser más profundos con los laterales y los delanteros siempre móviles.

Que el equipo Rojinegro sea el líder con 10 puntos sobre 12 no debería sorprender a nadie. En el repaso de los 20 equipos de Primera División, encabeza una lista de conjuntos que entran en los dedos de una mano que tiene una identidad definida y la respeta por encima de los nombres, ya sean futbolistas o entrenadores. Porque el Mono Berti, al que no fueron a buscar afuera sino que lo foguearon dentro de la propia institución, tiene el libreto aprendido de memoria.

No es casual tampoco que los equipos denominados grandes no tengan los resultados esperados. Que Luis Zubeldía haya tenido que irse de Racing, que la continuidad de Juan Antonio Pizzi en San Lorenzo sea cada vez más discutida y que Carlos Bianchi o Ramón Díaz aún tengan status de intocables por el pasado y no por la actualidad. Ni siquiera Vélez, paradigna de estos últimos años, tiene definido su rumbo por estos tiempos.

El público, propio o imparcial, sabe qué verá cuando le toque un partido de Newell's, pero no así si lo hace con el Xeneize, el Millonario, la Academia o el Ciclón. Pocos equipos mantienen una idea, distinta a la de los rosarinos, pero idea al fin: Gimnasia, que más allá de no haberlo desplegado ayer, propone un ritmo intenso y de presión desde su temporada en la B Nacional; Argentinos Juniors y Arsenal, con Caruso Lombardi y Gustavo Alfaro a la cabeza, especialistas en golpear en momentos justos, expertos de las pelotas paradas y luego para defender el resultado; y Estudiantes, que con Pellegrino también intenta el culto a la tenencia de la pelota y a los ataques por los extremos.

Todos ellos están en los primeros puestos. El resto, corre de atrás. Y está bien que ocurra. Al menos, a modo de aviso, para que los clubes entiendan que la vorágine no es una aliada, como así tampoco la impaciencia. Que los procesos llevan tiempo, como así también forjar esa identidadque, a la larga, es la que da frutos y deja a los equipos en la historia.

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