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Independiente volvió a perder y sigue en descenso directo. El torneo es largo y tiene tiempo para recuperarse, pero también de seguir hundiéndose en el abismo de la B Nacional.

El panorama es negro. El nivel del equipo asusta y el mensaje de que el torneo es largo sólo sirve para los optimistas y para los que se ven perjudicados por este triste presente de una institución que supo ser grande a nivel mundial como lo es Independiente. Quedan aún 38 fechas y esa lejanía con respecto al final es ambigua, porque así como en este momento el Rojo tiene sólo dos puntos en cuatro encuentros, la mala racha puede extenderse a punto tal que quizá hasta puede terminar luchando por la permanencia y no por el ascenso.

Otro partido sin ganar, otra vez el equipo jugó mal. El hincha abre el diario y ve que su equipo sigue en descenso directo, como en la temporada pasada, pero en otra categoría. Obviamente, imaginarse al Rojo jugando en la B Metropolitana es una locura, pero por si alguno no lo recuerda, hace un año también lo era verlo en la B Nacional, por donde hoy navega sin rumbo y demuestra una vulnerabilidad que estremece a los propios y envalentona a los ajenos.

Con su gol, Pisano demostró que aunque recién llega a Independiente, el hecho de conocer la categoría le juega a favor a pesar de su corta edad, y desequilibra bastante más que algunos de los portadores de la etiqueta de la experiencia. Montenegro es apenas el Rolfi y el éxodo que sufrió el club de Avellaneda fue mucho más grande que la lista de nuevas caras incorporadas para comenzar el "operativo retorno". Por este motivo la situación nunca fue similar a la de un River que ni bien se consumó su descenso recibió llamadas de varios jugadores de peso que se ofrecieron para volver al club.

Lo que agrava la situación del Rojo, es que no sólo sufre una crisis futbolística. Cuando es así, con un par de buenos resultados basta, o, en un extremo, con un cambio de entrenador. Pero en Independiente la cuestión es más profunda, porque mientras el plantel se entrenaba durante la semana, los cronistas vociferaban que la oposición estaba cocinando la salida del presidente Javier Cantero. Es cierto, cuando hay caos en la cancha, el de los escritorios cobra mayor importancia, pero hoy Independiente es un club que se prende fuego y tiene varios focos de incendio que sólo podrán mermar con el fin de esta racha negativa.

Sin embargo, nadie involucrado con el club debe pensar que peor no se puede estar. La B Nacional es un largo vía crucis en el que se recorre todo el país, y aunque los primeros azotes parecen ser los más dolorosos, la prolongación del letargo hará que a Independiente cada vez le cueste más levantarse.

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