thumbnail Hola,

Los diseños tácticos de Racing y San Lorenzo son una alternativa de los esquemas tradicionales del fútbol local. Pero al esqueleto hay que rellenarlo. Y, ahí, la idea se debilita.

En el palco de prensa del Cilindro de Avellaneda, un cronista radial describe la posición de Luis Zubeldía. El técnico de Racing, estaqueado contra la raya de cal, se muestra como indiferente a la paliza que San Lorenzo le está dando a su equipo.

“Más que al técnico, a los que veo parados son a los del mediocampo nuestro”, interviene un hombre, que mira hacia los costados buscando cómplices para su chiste. Es un hincha de la Academia que burló la prohibición del ingreso del público. Un falso periodista que acierta el diagnóstico como el más dotado de los reporteros. Que los volantes de este Racing, fundamentales para el esquema que propone el entrenador, estén parados no es un dato menor.

Por formación y por juventud respectivamente, los entrenadores de San Lorenzo y Racing encabezan alternativas tácticas de los esquemas tradicionales del fútbol argentino. Un soplo de frescura que asume un estilo más europeo. Cuatro defensores, dos de ellos laterales auténticos, muchos mediocampistas y un centrodelantero que sepa retroceder.

Pero Racing y San Lorenzo, señalados en la previa de este torneo como aspirantes al título, se confunden demasiado. Se confunden como lo advirtió el falso periodista. Se confunden como no se confunde nada en esta noche en el Cilindro de Avellaneda. No hay gente en las tribunas: el olor es únicamente el olor del césped que se potencia con el frío; el ruido es únicamente el ruido que producen los gritos de los futbolistas.

Racing tiene un mediocampo mal empleado. Desaprovecha recursos, sus mejores recursos. Los únicos dos futbolistas capaces de generar juego ocupan las bandas. Rodrigo De Paul, en la derecha, Ricardo Centurión, en la izquierda. En toda la noche no entrarán en contacto con el resto de sus compañeros. Jugarán la individual; muy pocas veces ganarán. Nunca terminarán una jugada como la jugada manda. Son carrileros vips.

Error básico: despoblar el centro del campo de los más habilidosos. Ahí, Racing no tiene otra cosa que tesón y sacrificio. Bruno Zuculini, que en los últimos partidos se esforzó por pisar el área contraria, hoy atiende su negocio: lidiar con los atacantes del rival. Luciano Vietto es quien baja hasta el círculo central. El equipo se retrasa varios metros. Cuando puede progresar, le cometen faltas, lejos, bien lejos del arco de Cristian Álvarez.

San Lorenzo, a pesar de la prepotencia del triunfo, no termina de asimilar la idea. Lleva el esqueleto de un equipo europeo y la carne de uno de acá. Al igual que Racing, es dinámica sin pensamiento. Juan Mercier se rebela, pero su claridad conceptual no contagia. Ignacio Piatti se aloja sobre la derecha y de ahí no se mueve. Leandro Romagnoli no es vertical. Al juvenil Correa le sucede lo mismo que a Centurión. El Ciclón remata al arco una sola vez en todo el primer tiempo: golazo de Martín Cauteruccio.

Jugar a la europea en la Argentina es un propósito que cuesta tiempo y trabajo. Más en un fútbol de equipos renovados semestre tras semestre. Implica entrenar a los laterales para que incidan en el juego. Requiere encontrar un armador que vaya por el centro y pula tosquedades. Adoctrinar el toque en virtud de los desmarques.

Centurión, Zuculini, Emmanuel Más y Ángel Correa, por citar algunos apellidos, cumplen con las funciones que les pide el entrenador. Juegan, como quien dice, bien. Sus equipos, no. A sus equipos les falta. Yapa simbólica: hay eficiencia individual y falencias colectivas. Eso se llama desconexión. El libreto, entonces, se sigue escribiendo con los argumentos de siempre: efectividad, practicidad, inteligencia, dinámica. Racing y San Lorenzo son “europeístas’’, y esa característica los define como argentinos. De lo contrario serían europeos.

“Estamos parados, estamos muy parados’’, sigue diciendo el hombre. Él sabe que de ninguna manera encajaría en el fútbol europeo. Él tiene claro que es un colado que ha tenido o la suficiencia o el coraje o los contactos para burlar la norma. Él, como esta noche sin gente en el Cilindro de Avellaneda, no se confunde.

Relacionados