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Primero fue Maglio y ahora es Ceballos, quien denunció un apriete después del partido entre Gimnasia y River. Los jueces, más que nunca en el ojo de la tormenta.

Que el nivel del arbitraje en el fútbol argentino pasa por uno de sus peores momentos, es innegable. Que la labor de Maglio en Córdoba rozó lo bochornoso, es cierto. Que Ceballos no tuvo una buena tarde en La Plata, también. Pero nada de esto justifica una amenaza. Lo que pasó en los últimos días con estos dos jueces no hace otra cosa que reflejar la violencia con la que se vive el fútbol en la Argentina.

Primero fue Maglio quien denunció que amenazaron a él y a su familia por teléfono, luego de su mala actuación en el partido entre Belgrano y Boca. Pero ni dos goles mal anulados o un penal no cobrado son argumentos que puedan explicar un hecho de estas características. Ni dos, ni diez, ni cien. Lo normal sería que el Colegio de Árbitros lo sancione como corresponde y nada más. Pero no.

Y ahora, apareció otro testimonio similar. En este caso es Diego Ceballos, quien controló las acciones del encuentro entre Gimnasia y River en la primera fecha, el que aseguró que tres personas se acercaron a su domicilio para apretarlo. Una locura. Aquella tarde en La Plata, el árbitro le cobró un penal a Maidana, dudoso en todo caso, pero entró en escena después de las declaraciones de Ramón Díaz, quien aseguró que tiene "de hijo" a River.

A raíz de esta situación, la Asociación Argentina de Árbitros emitió un comunicado en el que expresó: “Nuevamente este tipo de actitudes impropias e intimidatorias, de “gente” inadaptada, que pretende dañar no sólo a la investidura y el ámbito arbitral en su conjunto, sino fundamentalmente al ser humano que, partido a partido desde hace más de 14 años y con una gran trayectoria dentro del arbitraje, viste con honradez y dignidad la ropa que nos identifica como meros Jueces Deportivos. Nos apena profundamente que se vuelva a empañar, con este tipo de acontecimientos lamentables y cobardes, el cierre de una jornada futbolística”.

Puede parecer una exageración, un absurdo, pero ocurre. Aunque claro, en un ámbito en el que ya ni las muertes sorprenden y en el que se toman medidas inexplicables, una amenaza parece un hecho menor. Antes, eran simples expresiones que bajaban desde la tribuna. Pero en los tiempos que corren, se volvieron una realidad que traspasa el campo de juego. Una locura más de un fútbol argentino cada vez más contaminado.

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