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Cuando un equipo sube de la B Nacional a Primera, tiene dos formas para intentar consolidarse: reforzarse por completo o respetar su base. ¿Existen jugadores de la A o de la B?

La temporada que se avecina en la Primera División incluirá a tres equipos que lograron el ascenso y provienen de la Primera B Nacional: dos son clubes históricos de la categoría máxima del fútbol argentino como Rosario Central y Gimnasia, mientras que Olimpo ha alternado en los últimos años sin poder mantenerse pero a su vez consiguió en poco tiempo regresar en varias ocasiones.

Ninguno de ellos tres escapa, como tampoco ocurrió en el pasado más reciente, a la dicotomía sobre la manera de afrontar una campaña en la que el primer objetivo es sumar puntos para no sufrir con el promedio: mantener la base del equipo que consiguió el lugar en la A o realizar modificaciones drásticas y reforzarse en todas las líneas con jugadores "de Primera". ¿Existen en realidad? ¿O el fútbol argentino está tan emparejado que no hay grandes diferencias entre las categorías?

De los tres equipos mencionados que están de vuelta en la Primera División, Gimnasia es el que decidió "abrazarse" a la idea de respetar a ultranza el equipo con el que consiguió el ascenso. Una vez logrado dicho objetivo se trabajó para la continuidad de Pedro Troglio, ídolo Tripero, quien puso como condición para renovar contrato que se dedicaran los esfuerzos para retener a los jugadores que lo finalizaban, aún por encima de reforzar el plantel.

Con el único que no pudo cumplir la dirigencia fue con Franco Niell (que justamente va a jugar en Central), pero mantuvo a Facundo Oreja, Juan Carlos Blengio, Omar Pouso y Facundo Pereyra; de ellos cuatro, sólo el zaguero exTigre jugó en la A, mientras que el resto hará su debut. En cuanto a las incorporaciones, fueron cuatro y no llegarán más: Juan Pablo Rodríguez, Gastón Díaz, Iván Borghello y Maximiliano Coronel. De ellos, sólo el delantero tiene prácticamente asegurado su puesto como titular, ya que el resto será idéntico al que jugó casi todo el último semestre de forma ininterrumpida.

En el otro extremo, casi como una constante de su ya mencionada historia reciente, está Olimpo. Consumada la llegada a Primera, Walter Perazzo encaró la reorganización de un equipo que no sufrió demasiadas bajas, ya que de los titulares habituales sólo se alejaron Gustavo Bou, Marcelo Vega y Fernando Gutiérrez, como así también alternativas como Juan Sánchez Sotelo, Matías Soto Torres y Leandro González.

Sin embargo, la diferencia en el equipo bahiense la producen los ocho refuerzos que llegaron hasta ahora y que podrían ser más en estas dos semanas que vienen: Matías Sarulyte, Fernando Meza y Cristian Trombetta para la defensa; Leonardo Ferreyra, Martín Pérez Guedes y Paulo Rosales para el mediocampo; y Ezequiel Cerrutti y Gustavo Oberman para el ataque. Prácticamente una formación nueva que peleará por un lugar y podría desplazar a los que jugaron el último año.

De la actualidad, queda el caso Rosario Central y el equilibrio entre mantener el equipo completo o reforzar todas las líneas. El último campeón de la B Nacional no sufrirá cambios drásticos porque logró retener a varios futbolistas de los que eran titulares, pero de todas maneras hubo bajas como las de Javier Toledo, Néstor Bareiro, Carlos Casteglione y Nahuel Valentini que deberá suplir.

Miguel Ángel Russo sigue a la espera de nuevos refuerzos y de recuperar a Jesús Méndez, quien regresó a Boca. Mientras tanto tiene en la defensa a Alejandro Donatti y Franco Niell en el ataque, pero necesita al menos uno más por línea para tener un equipo competitivo y que no corra riesgo su regreso.

Durante mucho tiempo, se consideró que un equipo que ascendía debía amoldarse a la máxima categoría, aún sin confiar en el significado del trabajo a largo plazo. Fue así que equipos completos se modificaban, llegaban más de quince refuerzos y pasaban fechas y fechas hasta que se encontraba el funcionamiento común. Claro está, a veces sin siquiera el técnico que los había pedido, por alejarse víctima de un mal arranque y el vértigo exitista con el que se vive en Argentina.

Muchas veces esto tenía que ver, en defensa de dichos clubes, con que al momento de ascender eran desarmados por no estar a la altura de las pretensiones económicas y perder a sus mejores futbolistas ante ofertas importantes de otros equipos, luego de buenas temporadas en el ascenso.

Pero en los últimos años, el paradigma está cambiando y se nota. Más allá de River, imposible de incluir dentro de este repaso por las particularidades conocidas por todos, hay varios que lograron afianzarse gracias al respeto por su tarea. Por esa razón fue que Quilmes se mantuvo con un equipo similar al del ascenso, o Belgrano hoy está clasificado a una Copa Sudamericana con futbolistas que estuvieron en aquella Promoción histórica ante el Millonario.

En la temporada 2009-10, los dos equipos que descendieron fueron Atlético Tucumán y Chacarita, que habían ascendido doce meses antes; en la 2010-11 ocurrió lo mismo con Quilmes, de haber perdido la categoría en su primera temporada en la A. ¿Qué los une? La enorme cantidad de refuerzos que incorporaron para afrontar la campaña. Ni en el 2012 ni en el 2013, un equipo recientemente ascendido perdió la categoría. Faltan once meses para conocer la suerte del Canalla, el Lobo y el Aurinegro, quienes usarán tres maneras distintas en busca de lo mismo: no sólo regresar a Primera sino quedarse por mucho tiempo.

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