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Funes Mori disputa la pelota. El mendocino le puso ganas, pero le faltó gol. River lo sufrió.

Los (no) goleadores del campeoanto

Funes Mori disputa la pelota. El mendocino le puso ganas, pero le faltó gol. River lo sufrió.

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Los cinco grandes sufrieron la falta de gol durante el Final. Los delanteros que intentaron asumir el compromiso no estaban señalados como los encargados a principios de torneo.

A riesgo de contradecir el mayor de los méritos que se le atribuyen, el fútbol, a veces, tiene lógica. Cuando los delanteros no convierten, los resultados no son los esperados. Esta insuficiencia goleadora es la que hoy padecen los cinco grandes de la Argentina. Con diferentes matices, todos ellos la están pagando.

River es el menos perjudicado, pero perjudicado al fin. Hasta el propio Ramón Díaz reconoció la falta de gol como un freno de mano para las aspiraciones de su equipo, que pese a esta carencia se mantiene vivo en la pelea por el campeonato.

Ni David Trezeguet, hasta que le tocó salir por lesión, ni Rogelio Funes Mori, ni el uruguayo Mora asumieron ese rol fundamental. El Chino Luna colaboró con cinco goles, cifra ideal para un mediapunta, pero flaca para quien debería ser la referencia del área.

A diferencia de los otros cuatro, River fue abastecido por la periferia de sus centrodelanteros. Cuando las energías goleadoras se agotaban, ahí estuvieron Lanzini, Iturbe, Vangioni, Ponzio y hasta el colombiano Balanta. Así, como quien junta chirolas en una esquina para poder pagar el boleto del colectivo, el equipo se fue metiendo en la disputa por el campeonato y hoy se ilusiona con conseguirlo. La tabla a secas disimula una producción anoréxica: en 9 de 17 partidos del Torneo Final, o no convirtió o solo convirtió un gol.

Vietto, efectivo pero solitario
    Carlos Luna  
Santiago Silva
Luciano Vietto  Gonzalo Verón Adrián Fernández
5 5 6 5 4

Independiente nunca pudo activar el paracaídas. En esa carrera hacia el descenso sus delanteros lo abandonaron una y otra vez. Farías fue un problema para el Tolo Gallego; problema por la ineficacia del Tecla, problema porque el entrenador demoró demasiado en sacarlo del equipo. Caicedo metió ganas pero goles, no. Y el pibe Fernández queda impune de cualquier acusación. Su celebrada pero tardía aparición, una burla irónica de este destino que el Rojo pareciera tener comprado.

Vietto fue el lazarillo de Racing durante todo el Torneo Final. A los seis goles del cordobés -número chico para un equipo con pretensiones de campeón- les faltaron el aporte de otro delantero. Sand nunca se postuló como tal, Cámpora, tampoco. Fariña replicó las irregularidades del conjunto, y el pibe De Paul al momento no se destaca por su capacidad goleadora. Conclusión: Racing dejó pasar otro torneo que, por actuaciones como las del último domingo ante Boca, podría haber disputado hasta el final.

Los delanteros de Boca son los paradigmas de los no goleadores. El equipo todo representa esa falencia mejor que nadie. Once goles convirtieron los de Bianchi en todo el campeonato –el que menos anotó-. La misma cantidad que Ignacio Scocco, y apenas uno más que Emanuel Gigliotti.

Santiago Silva hizo cinco, uno de penal; Blandi y Martínez, uno cada uno. La amnesia goleadora de Boca cobra importancia si se repasan nombre e historial de los encargados de meterla adentro. A diferencia de Racing, que le faltó embocarla pero se ilusionó con el juego, el xeneize reprodujo en las redes contrarias los efectos de un juego bostezante. Siete de sus rivales terminaron con el arco en cero. Ya lleva dos años el duelo que los hinchas le ofrecen a Palermo.

A San Lorenzo le ocurrió algo similar a Independiente –sin la histeria del descenso comiéndole la cabeza, claro-. Pizzi encontró en Gonzalo Verón lo que Denis Stracqualursi nunca le aportó. Los goles del pibe retocaron la pobre imagen que el Ciclón había exhibido hasta mitad de campeonato. Su aparición, y la de otros, como Correa, sostuvieron hasta estas últimas fechas la ilusión de pelear por el título.

El fútbol sí tiene lógica, entonces, la lógica de los goleadores. La que le falta a los equipos grandes.

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