El dolor de ya no ser

Cantero dijo que "después de la muerte de mis padres, es el momento más triste de mi vida". El Rojo quedó afuera de la Copa Argentina y necesita un milagro para no descender.

Javier Cantero no había hablado en las últimas semanas. Acongojado como todos los hinchas de Independiente, sin poder creer lo que veía, aturdido por esos numeritos con decimales que le indican el camino hacia el infierno tan temido, arrasado por los resultados propios pero también por las derrotas ajenas, el presidente del Rojo había elegido el silencio. Hasta que un rato antes de la eliminación de la Copa Argentina ante Arsenal, en Catamarca, aceptó hacer una pequeña catarsis en AM 530, la radio de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

“Después de la muerte de mis padres, es el momento más triste de mi vida”, aseguró, visiblemente sensibilizado por la situación extrema que vive su Independiente. “Tenemos un clásico complicadísimo frente a San Lorenzo y no dependemos de nosotros lamentablemente”, agregó. “Tenemos que dar la cara y decirles a los socios y a los hinchas cómo vamos a seguir”.

Y el cómo es consecuencia del qué. Independiente necesita un milagro, o varios, para mantenerse en Primera. Una combinación de resultados demasiado improbable. Ganar los dos partidos que le quedan y esperar que Argentinos pierda ambos, pero que San Martín sólo sume un punto…

En este panorama, no podría decirse que la eliminación de la Copa Argentina ante Arsenal, tras caer 1-0 en los últimos minutos, genera un mal mayor para los hinchas, que a esta altura bastante poco podría importarles haber desperdiciado la posibilidad de regresar a jugar la Copa Libertadores, privilegio del que goza el campeón de esta edición del certamen. “Nadie festeja los logros económicos, que recuperamos un club copado por barrabravas. Se festeja lo deportivo, y ahí nos fue mal”, reconoció Cantero. La frase, leída así nomás, podría malinterpretarse. Cantero no le sacó el hombro. Ni buscó desviar el foco. Basta con volver a leer la frase con la que comienza el segundo párrafo de esta crónica.