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Independiente cayó en el Monumental y ya no depende de sí mismo para salvarse del descenso.

Capítulo XVII: ¿Hay vida?

Independiente cayó en el Monumental y ya no depende de sí mismo para salvarse del descenso.

Osmar Ferreyra - Independiente

Para Independiente, que perdió con River, sí, porque Argentinos empató con San Lorenzo. Para San Martín de San Juan, también. Para el hincha de Lanús que fue baleado, ya no.

Cualquier palabra o frase es trillada cuando se habla de violencia en el fútbol. Aunque una vez terminada la fecha algunos hayan festejado porque su equipo ganó o porque aún tiene chances de quedarse en Primera División, para quien escribe lo más relevante de la jornada fue que una persona fue a la cancha y nunca más volvió.

Al margen de la discusión queda si era o no barra brava. Si lo mató un policía o no, si la bala que impactó en su tórax era de goma o de plomo. Desde el vamos, si sos barra brava no tenés que estar en la calle, sino en la cárcel. Hace ya varios torneos quedó demostrado que a las fuerzas de seguridad, el circo del fútbol se le escapó de las manos; sin embargo, el negocio puede más y todo sigue igual, sólo que ya las peleas entre pseudo-hinchas de distintos clubes disminuyeron al ritmo que fueron incrementando las internas entre distintos grupos de una misma tribuna.

Además de lamentar una vida humana, hubo una fecha que por los resultados finales achicó los márgenes tanto en la zona de descenso como en la lucha por el torneo. Si bien es cierto que Lanús no terminó su partido ante Estudiantes, la derrota parcial 2-0 lo deja bastante complicado por la aplastante victoria de Newell’s sobre Unión. El equipo de Tata Martino apabulló al descendido conjunto santafesino con calidad y goles de sus máximas figuras, y se agarró más que nunca a la primera posición.

Que al estadio de La Plata lo llamen el Único no quita que sólo allí se suspendan los partidos por hechos de violencia. En el José Amalfitani de Liniers, Vélez y All Boys tampoco pudieron cumplir los 90 minutos porque los hinchas visitantes comenzaron a destruir los alambrados y a ingresar al campo de juego, aparentemente porque habían sido agredidos por policías, que habían acudido en defensa de un compañero suyo que había sido golpeado en el baño por simpatizantes del cuadro de Floresta.

En el Monumental se vivió un encuentro dramático, no por el juego sino por lo que había en juego. River necesitaba ganar para seguir con chances de ser campeón, mientras que Independiente es un enfermo terminal que ya no depende de sí mismo ni aunque sume todos los puntos que le quedan por disputar. Al equipo de Ramón le alcanzó con un buen partido de Iturbe y la presión hizo el resto: a pesar del descuento sobre el final, el Rojo se fue con las manos vacías y algunos vándalos dieron un anticipo de lo que puede llegar a suceder si el domingo que viene le toca descender al cuadro de Avellaneda.

Boca hace tiempo que no tiene vida en el torneo local y una vez más lo demostró en el Cilindro, donde los pibes de Racing bailaron al compás de las pisadas de Centurión y las gambetas de Fariña: fue victoria clara y clasificación a la Sudamericana, después de dos semanas complicadísimas para Zubeldía y sus muchachos, tras el apriete de los hinchas, la derrota ante Quilmes y una catarata de acusaciones.

El que todavía respira es San Martín de San Juan, que depende de sí mismo y si gana los dos partidos que restan estará salvado del infierno sin importar cuántos puntos sumen Argentinos e Independiente.

Precisamente el Bicho pudo haber sido el verdugo de la fecha, ya que si le ganaba a San Lorenzo dejaba a Boca último y decretaba el descenso del conjunto de Brindisi. Más de un hincha del Rojo debe haber lagrimeado cuando Lucas Rodríguez puso a Argentinos en ventaja, pero el empate de Correa calmó las aguas. Caruso agarró el enchufe pero no tuvo la fuerza suficiente para desconectar a Independiente y por eso el Diablo tiene una vida más. El próximo domingo todo puede pasar, o nada, al igual que en el fútbol argentino, en el que sucede de todo y nadie hace nada.

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