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En una fecha con pocas emociones, River confirmó su paternidad sobre Racing e Independiente perdió y está hundido. ¿Boca y Lanús? Muy aburrido.

Luciano Román Garzo
Redactor
Goal.com Argentina
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Pasó otra fecha y para Independiente se sigue achicando la brecha. El Rojo jugó contra once y se bancó a hinchas propios y visitantes cantando en su contra. El gol tempranero de Sarmiento aniquiló las esperanzas de la gente y para colmo Vargas salió lesionado antes del entretiempo. Después Gallego sacó a Caicedo para poner a Farías, algo Bielsa y Passarella hacían con Batistuta y Crespo todos los días. Resultado: Independiente no inquietó y encima, de contra, All Boyslo liquidó.

En Victoria, Pérez García demostró en pocos minutos los dos extremos del fútbol: fantasía pura para darle el gol en bandeja a Cisterna y minutos después una patada feroz a Grazzini por la que el árbitro Mariano González decidió sacarle amari…¿ah, no? ¡pero si la tuvo un minuto en la mano! Bueno, mágicamente cambió de color y decidió mandarlo al vestuario antes de tiempo. Para desgracia del Rojo, que no depende de sí mismo, Atlético se llevó los tres puntos de forma contundente y le dio un empujoncito más hacia el limbo.

Desde que Huracán descendió, San Lorenzo no tiene clásico y como el fútbol necesita clásicos, le inventaron uno. Lástima que los hinchas se lo creyeron y por haber intercambiado tiros varias veces, ahora sólo se juega con público local. Pobres los de Vélez que en el Amalfitani fueron testigos de cómo el Sol y la falta de una gorra en la cabeza de Sosa conspiraron para que el Cuervo se llevara un punto que no mereció. El partido dejó dos enseñanzas: Sosa no subestimará nunca más al Sol y Stracqualursi se quedará una hora más después de la práctica pateando penales para así poder meter un gol.

No es por ser amarrete ni tampoco quiero jactarme de ser ecologista, pero para Unión-Argentinos, Godoy Cruz-Belgrano y Quilmes-San Martín, no quiero gastar líneas. Tres partidos iguales, sin goles y de los que sólo hay dos cosas que vale la pena destacar: en busca de los tres puntos Sava dejó tres defensores y, en Mendoza, Juan Quiroga emuló a Stracqua y también erró un penal.

Es el clásico más antiguo del fútbol nuestro, y apelando a los sinónimos, espero que pocos viejos hinchas de Racing lo hayan visto, porque con la parsimonia de ciertos jugadores y la falta de criterio de otros, van querer abandonar el mundo antes de lo previsto.

No hay que tener demasiada memoria para acordarse de lo que pasó en 2002, cuando Demichelis estaba en el arco de River y Pipino Cuevas corrió al mejor estilo caricatura japonesa hasta gambetear a Campagnuolo y meter el gol. Esta vez pasó algo parecido pero no fue Úbeda el que la regaló, sino Zuculini que quiso dar un pase y está muy claro que falló.

¿Qué sería de Colón sin Gigliotti? Está bien que el Sabalero no sumó demasiado, pero tiene al goleador del campeonato, que metió siete goles en ocho partidos, que significaron cinco de los ocho puntos que tiene el equipo hasta acá. El 9 está en alza y en junio vence su préstamo, sus goles ¿adónde los llevará?

Fue extraño lo que ocurrió en La Bombonera. Boca jugó un gran partido, pero tuvo un nivel discreto. Claro, por si hay algún desprevenido, uno sólo puede identificar al equipo de Bianchi en la cancha por los colores, aunque parece que se avivaron y al pantalón ya le cambiaron los colores. Sin Sosa ni Chiqui Pérez, el riesgo de penal se redujo y por suerte no se tentó Caruzzo. A Lanús le faltó apetito y conexión entre volantes y delanteros: arriba, sólo jugó Regueiro.

El partido del lunes no fue demasiado atractivo, pero Carbonero dejó una perlita y demostró que se tiene confianza, siguió jugando y asistió de forma notable a Rolle a pesar de que en el inicio de la jugada le estaban haciendo falta.

Esta fecha tuvo pocos goles y no mucho colorido, pero siendo optimistas y esforzándose, todo se puede ver de un lado divertido.

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