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Después del triunfazo frente a Tigre, Ramón Díaz se mostró feliz y confiado por el futuro promisorio de su River.

Ramón Díaz revolucionó el contexto depresivo en el que se encontraba sumergido River. Llegó para ponerle fin a una década infame en la que un par de dirigentes, en complicidad con los técnicos de turno, habían contribuido a la destrucción de la inmensidad propia de un gigante argentino como el Millonario. Y no necesitó de meses ni años para cambiarle la mentalidad a un equipo que, si bien aún no juega bien, comenzó a construir un espíritu indestructible.

En la noche del Monumental, Tigre ganaba con comodidad pero no ejecutó al local y le regaló la oportunidad de revivir. River, como hace años no lo hacía, reaccionó y se llevó por delante al Matador para construir una victoria con tintes épicos. Después del triunfo, en pleno éxtasis, Ramón ilusionó al mundo Millonario: "Vamos a luchar, tranquilos".

En medio de la algarabia por un triunfazo merecido, Ramón elogió el primer tiempo de un Tigre que "realmente nos complicó porque apretó mucho". También fue crítico con la primera etapa de su equipo: "Erramos el camino en un par de cosas que vamos a hablar en la semana, pero teníamos que cambiar la actitud, ser un poco más agresivos. Le quisimos demostrar a la gente que este equipo tiene orgullo". Desde sus cambios, el entrenador riojano modificó el trámite del partido. Cuestionado por las razones de su decisión, su respuesta fue sencilla: "A veces siento esas cosas y los tiro a la cancha".

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