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Campeón y dominador

Campeón y dominador

Vélez es todo alegría / FotoBaires

En un semestre que parecía de transición, Vélez se fue encontrando con una identidad de juego que lo hizo predominante. El factor dirigencial, un eslabón fundamental.

Vélez fue el mejor equipo del Torneo Inicial. La prensa y el mundo del fútbol pensaron que el equipo de Liniers comenzaría el segundo semestre del 2012 como un periodo de introspección y análisis de lo que podía llegar dar en un futuro cercano. Es que, al plantel que peleó hasta el final del Torneo Clausura, se le fueron varias figuras de renombre: Augusto Fernández, Juan Manuel Martínez, Fernando Ortiz, Víctor Zapata, Marcelo Barovero y Hector Canteros.

Los mismos referentes del plantel analizaban la actualidad del club de esa manera. Fabián Cubero opinó, en la derrota con Lanús 2-0 por la tercera fecha, que “los resultados llegarían con el tiempo, siempre y cuando los refuerzos se acoplen” a la idea que viene colocando a Vélez en los primeros puestos de los últimos torneos.

Pero, los tiempos se adelantaron y sorprendieron para bien al Fortín. Las incorporaciones se ajustaron brillantemente y terminaron siendo decisivas. Facundo Ferreyra llegaba con la autoestima baja por haber descendido con Banfield y demostró que la realidad de su exclub no se condecía con su propia actualidad. Fue el goleador de Vélez  y del Inicial –junto a Ignacio Scocco, de Newell´s- , con 13 tantos. Por otro lado, el rendimiento de Federico Insúa era una incógnita. Quizás sólo en Vélez habría alcanzado el nivel que alcanzó. Venía  de una mediocre actuación en Bursaspor de Turquía y no se sabía en qué condiciones físicas estaría a sus 32 años. Pero el Pocho se adaptó de la mejor manera. Fue la cadena que conectó delanteros y mediocampistas en el esquema -con enganche- al que apostó Gareca.

La dirigencia merece una mención especial y por encima de todo. Egos afuera, ambiciones de lado, Vélez ha creado un estilo honesto, serio y sólido de administración de un club que participa en Primera División. Los nombres transitan, pero la impronta continúa. Cualquiera que aporte trabajo, sacrificio y se comprometa con el crecimiento de la institución, podrá ser presidente. Miguel Calello es un ejemplo. El actual titular, pasó por le tesorería, luego fue vocal y hoy está al mando de las de las decisiones más importantes del club. Y esta continuidad dirigencial, que sobrepone proyectos por sobre ejecutantes, genera tranquilidad en managers, entrenadores y jugadores. Si Gareca quiere arriesgar, que arriesgue, hay un administración que lo apoya. Si Bassedas se decide por la incorporación de tal jugador, está avalado, y vaya si los resultados han sido positivos. Las decisiones no se contaminan ni se desestabilizan. Bien de la mano al mérito dirigencial aparece la inclusión de jóvenes talentos del club a la Primera División. Cuando en otros equipos se fortalece la idea de jugar con hombres de experiencia porque son sinónimos de garantía, aquí es diferente. La inserción de juveniles ha sido una política de estado en el estilo de conducción fortinero. Los Bella, los Peruzzi, los Cantero son el resultado de esta experiencia que se extingue en el fútbol argentino.

De esta manera, Vélez es el ejemplo que sostiene empíricamente que una buena administración empapa al factor deportivo, y que a partir de esto, los resultados caen sólos.

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