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Todo parecía tranquilo en Boca hasta la "cadena nacional" de Riquelme y el sábado el 80% de La Bombonera cantó por él e insultó a Falcioni, a quien no le renovarán el contrato.

Tan cerebral como era dentro de la cancha, Juan Román Riquelme lo es afuera. Con sus actos, sus apariciones y sobre todo, con sus palabras. No es de exponerse en público con frecuencia y vive tranquilo en Don Torcuato, barrio en el que nació y tiene a todos sus amigos de la infancia, con los que “cada dos días juega al fútbol”. Sin embargo, el pasado jueves, Román suspendió el picadito y estuvo cuatro horas seguidas en televisión, hablando desde su propia casa y con el trofeo que le entregaron en Brasil por ser uno de los jugadores más importantes de la historia de la Copa Libertadores.

Vaya si es preponderante Riquelme para la atmósfera de Boca, que aún no siendo parte del equipo, sí es parte del club, su palabra fue tan fuerte como para revertir una decisión de la dirigencia que ya estaba tomada y era renovarle el contrato a Julio César Falcioni hasta diciembre de 2013. Si bien es cierto que la idea inicial de Daniel Angelici y compañía era ir en busca de Guillermo Barros Schelotto, el hecho de que el Mellizo no pueda (ni quiera) irse de Lanús por el momento hizo imposible su llegada al club de la Ribera.

Casi que por descarte, Falcioni se había ganado una especie de “beneficio de la duda” y estaba todo listo para que esta semana le renovaran el vínculo. Pero apareció Román en cadena nacional -tal como dijo Angelici- y la ecuación cambió por completo. Aunque sea de forma implícita, Riquelme cargó contra el, en ese momento, actual técnico de Boca, a pesar de la sonrisa y el irónico “está todo bien con Julio”.

Si bien no hacía falta, repitió hasta el hartazgo que es el máximo ídolo de la historia de Boca e hizo referencia a la encuesta que dio ese resultado; incluso se mostró agradecido por ser considerado más ídolo que Diego Maradona, con quien también tuvo mala relación que lo llevó a renunciar a la Selección Argentina camino al Mundial 2010. Hasta en ese aspecto fue hábil, porque no se colocó per se sobre el resto, sino que adjudicó su condición al voto de los hinchas endulzándoles los oídos.

La multitud primero escuchó y después habló. Porque a la novela Riquelme-Falcioni-Angelici se le sumó un capítulo más cuando el crack contó que el presidente no le había prestado la cancha para mostrar la distinción obtenida en Brasil, algo que seguramente debe haber enfurecido a cuanto hincha estaba escuchando. El argumento del mandatario Xeneize fue que el homenaje a los campeones de 1962, el penal de Roma a Delem y la despedida de Schiavi ya eran demasiados homenajes para que Riquelme saliera a mostrar su premio y que por eso le había ofrecido hacerlo en el primer encuentro del año próximo.

En ese momento, apareció nuevamente la ironía de Román: “Yo no sé cuánto va a durar este trofeo porque Agustín (el hijo) corre todos los días por acá adentro. Por ahí un día de estos lo tira y se rompe y ya no se lo voy a poder mostrar a los hinchas así que aprovecho y se los muestro ahora para que lo vean”.

Ácido, con sonrisas pícaras y mucha astucia, fue paseando a todos los panelistas que intentaron alimentar el fuego pero nunca pudieron sacarle la leña a Román. Y aunque algunos creyeron que le arrancaron varias frases picantes, en ningún momento lograron que dijera lo que todo el mundo pudo leer entrelíneas pero que, al no haber salido de la boca del 10, nunca podrá aparecer entre comillas como título de un diario.

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