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Tras dos años, Falcioni dejó su cargo. Logró un torneo invicto, obtuvo la primera Copa Argentina y llegó a la final de la Libertadores, pero nunca se ganó al simpatizante xeneize.

El ciclo de Julio César Falcioni como técnico de Boca llegó a su fin. Tras dos años al frente del equipo, el entrenador no seguirá en su cargo ya que su contrato vence el 31 de diciembre y no será renovado. Cuestionado por la hinchada y con una relación tirante con algunos integrantes del plantel, Falcioni deja su puesto luego de que el presidente Daniel Angelici expresara la semana pasada la firme intención de que continuara. Sin embargo, las declaraciones que hizo Juan Román Riquelme el jueves pasado en distintos medios desataron la reacción del hincha xeneize que se expresó en forma contundente en el partido frente a Godoy Cruz, con insultos para ambos. De esta manera, tanto el dirigente como el entrenador quedaron condicionados, al punto tal de dar marcha atrás con lo que ya era casi un hecho.

Falcioni se va resistido e insultado por el hincha de Boca, que nunca lo quiso y sólo lo toleró en el Apertura 2011, el campeonato que ganó invicto con 43 puntos, con 12 de ventaja sobre el segundo. A pesar de la constante resistencia a su figura, Falcioni alternó buenas y malas en un ciclo que duró dos años, algo que no consiguió nadie después de Carlos Bianchi en su primera etapa. El Virrey estuvo tres años y medio entre 1998 y 2001 y ni siquiera él mismo llegó a los 24 meses al frente del equipo en su segunda parte como técnico: volvió en enero de 2003 y se fue a mediados de 2004. Por lo tanto, el período Falcioni tiene un primer punto a destacar y es la longitud de su trabajo.

Los primeros seis meses fueron difíciles. Boca venía de un 2010 muy malo, en clara decadencia, con divisiones en el plantel y hasta había cierta inquietud por el futuro promedio a partir de mediados de año. El debut por el torneo local no fue para nada auspicioso: 1-4 contra Godoy Cruz en La Bombonera. Ese primer torneo marcó la relación entre Falcioni y Riquelme: distante, con desencuentros, con esfuerzos de parte de los dos para llevar adelante la convivencia a pesar del frío vínculo entre ambos.

Boca terminó séptimo en el Clausura 2011 con 28 puntos, producto de siete victorias, siete empates y cinco derrotas. Llegó el retiro de Martín Palermo, a quien le hicieron un homenaje en el estadio. Distintos referentes de la historia de Boca aparecieron en la pantalla gigante saludando al Titán. Cuando se vio la imagen de Falcioni, se produjo una silbatina generalizada. Si era por el hincha, el técnico no debía continuar aunque todavía le quedaran seis meses de contrato.

Sin embargo, Falcioni siguió y en el segundo semestre de 2011 obtuvo el Apertura, para cortar una racha de tres años de sequía. Además lo hizo sin perder ningún encuentro y con récord de valla invicta. A pesar de los números, el equipo era cuestionado por su nivel futbolístico, que era pobre pero más que suficiente para superar a todos los demás equipos. A fin de 2011 asumió como presidente Angelici, que con el título bien fresco decidió renovarle el contrato por un año más.

El primer semestre de 2012 fue más movido que todo el 2011. Con la Copa Libertadores como máximo objetivo, Boca fue pasando de fase a pesar de cierta irregularidad, en la que alternó partido regulares, con otros muy buenos, como ante Unión Española en Chile, y muy malos, como ante Fluminense en Brasil, encuentro en el que empató sobre la hora luego de ser vapuleado durante los 90 minutos. También superó la turbulencia de la fuerte discusión en el vestuario entre Falcioni y algunos jugadores por cuestiones tácticas en el partido ante Zamora, allá por febrero. El equipo llegó a la final al mismo tiempo que punteaba el Clausura y también avanzaba en la Copa Argentina. Un insólito empate ante el descolorido Banfield y una lapidaria derrota ante Arsenal por 3 a 0 lo dejaron sin chances en el ámbito doméstico.  La ilusión de volver a ser rey de América se quedó en nada luego de empatar 1 a 1 en La Boca y perder 2 a 0 en Brasil ante Corinthians, en uno de los peores partidos del ciclo Falcioni. Ese mismo día, Riquelme anunciaba que se iba del club porque “estaba vacío”.

Sin Riquelme en el equipo, Falcioni ganó en tranquilidad personal pero perdió un referente que le organizaba el equipo. Boca pasó a ser un equipo anodino al que le costaba mucho hilvanar juego y superar a los rivales. Ganó la final de la Copa Argentina tras vencer en la final a Racing y eso le dio un poco de oxígeno. Llegó a estar primero del torneo Inicial tras hilvanar cuatro victorias consecutivas. Sin embargo, el equipo nunca se consolidó y navegó por una irregularidad exasperante. Para la fecha 12, el clásico ante River, sumaba cuatro encuentros sin victorias. El empate milagroso sobre la hora de Walter Erviti evitó un posible desenlace anticipado del ciclo de Falcioni.

La no obtención de la Libertadores, un flojo nivel en este último campeonato y la derrota ante Arsenal por la Supercopa Argentina parecían inclinar la balanza hacia la segura salida del técnico. Sin embargo, la levantada del equipo en los últimos partidos, con la inclusión esperanzadora de los prometedores Guillermo Fernández y Leandro Paredes, más la clasificación a la Libertadores de 2013, posicionaron a Falcioni de cara a la continuidad. Claro, nadie esperaba la aparición estratégica de Riquelme y sus declaraciones punzantes, tanto o más que los pases milimétricos que mete en la cancha.

La furibunda reacción de la gente acorraló tanto a Angelici como a Falcioni, que se dieron cuenta que lo mejor era terminar el ciclo. El balance marca un título invicto y la obtención de la primera edición de la Copa Argentina. También una final de Copa Libertadores, que no es poco, aunque al hincha y a la historia de Boca no le alcancen. Cuando Falcioni llegó, Boca deambulada por la mitad de la tabla. A su salida, deja al equipo presto para jugar otra vez el máximo torneo del continente. En cuanto a juego, lo máximo que logró fue una versión sólida y práctica de un equipo que aburría con su fútbol pero que estuvo 37 partidos invicto. Lejos de quedar entre los ciclos más memorables de la historia del club, Falcioni puso a Boca otra vez en los primeros planos, ésos de los que había estado muy lejos en 2009, 2010 y el primer semestre de 2011. Su pico de rendimiento como técnico quedó atrás y agotada totalmente la tolerancia del hincha, su salida parece ser la mejor decisión para Boca.   

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