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Matías Almeyda cerró su etapa como director técnico del Millonario y, sin presiones, mostró su renovada imagen.

El sueño se había transformado abruptamente en un calvario. La oportunidad esperada se había convertido en una agonía interminable. De repente, decidieron soltarle la mano, aunque durante su gestión todos los signos conducían a ese final. "Me saqué una mochila de encima". Matías Almeyda mostró otra faceta en una entrevista con ESPN. Distendido, alegre pese a la tristeza que supuso su partida del Monumental. Aliviado, enérgico, sin ojeras y con el espíritu descansado: "Estaba tan compenetrado en lo que hacía que prácticamente no tenía tiempo para mi. Estoy más flaco, tengo más arrugas. Me pasó un tren por arriba".


Almeyda dejó de ser el técnico de River hace unas pocas horas. Todavía con un dejo de tristeza, dejó bien en claro quien tomó la decisión: "El Profe Kohan habló con Passarella y él le manifestó que nuestro ciclo estaba cumplido. Fue entonces que yo hablé con el Profe y le dije que haga una reunión para terminar como se debía. No quería ser un obstáculo para esta dirigencia. Era dilatar más la situación en vano". Si bien se veía venir, el Pelado demostró su desconsuelo por cómo terminó todo: "El final fue triste y un poco sucio, pero el fútbol argentino nos tiene acostumbrados".

Sobre su futuro, admitió que recibió ofertas de clubes autóctonos e internacionales y que su sueño es dirigir en el fútbol italiano. Además, agregó que planea un viaje a Europa para enriquecerse como entrenador. Para cerrar sus predicciones, avisó: "No dirigiría nunca a Boca porque soy hincha de River".

Ramón Díaz desembarcó horas después de su partida. Con su cuerpo todavía tibio, admitió que su masoquismo lo llevó a ver la conferencia de prensa y analizó: "Ramón genera cosas positivas en River. Ojalá le de alegría a la gente y ayude a la reconstrucción futbolística del club".

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