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Ramón Díaz vuelve a River Plate diez años después de su último adiós. La historia de una ilusión que renace cimentada en la gloria de antaño.

"Cantemos todos para que vuelva Ramón". Buque insignia frente a la destrucción sustancial de su esencia, grito de guerra frente al calvario de la B Nacional, Ramón Díaz vuelve a River diez años después de su último adiós. La cronología resultó devastadora: tiempos nefastos de José María Aguilar y Mario Israel, desgraciados de Daniel Alberto Passarella con una temporada en el infierno. Sintomática fue su ausencia durante la última década, proscripto por dos gestiones que salpicaron la gloriosa historia del Millonario. El Kaiser, rendido ante lo evidente, debió resignarse frente a la ilusión popular. Ramón vuelve a casa.

La era del capitán de la resignación llegó abruptamente a su fin. Exageradamente tardía, también desprolija, el desenlace de la era Matías Almeyda era único e inevitable. Un ascenso cimentado en las abismales diferencias individuales de su plantel, dudas eternas que no discriminaron categorías, una ciclotimia recurrente, simbiótica con la personalidad de su entrenador.

Passarella no tenía alternativa. Cualquier otra decisión hubiera desatado la furia de los hinchas. Ramón Díaz era la mejor carta, la única aceptable. El entrenador más exitoso de su historia, nuevamente en el Monumental, para recuperar la identidad derruida y la grandeza menoscabada. Ramón ilusiona porque, más allá de sus virtudes, desempolva los años dorados, las épocas gloriosas de un club que se acostumbró a vivir con una sucesión interminable de cachetazos.

Sus recientes fracasos en San Lorenzo e Independiente, clubes de realidades similares al River de hoy, ni siquiera atizaron el sueño riverplatense. Los rencores de una noche caótica de Copa Libertadores entre su Ciclón y el equipo entonces comandado por Diego Simeone tampoco pudieron fracturar el idilio. Impulsado por una generación que creció disfrutando los logros de un equipo fantástico liderado desde el banco de suplentes por el carismático entrenador riojano, el utópico "Ramón vuelve" se materializó.  Cinco títulos domésticos, una Copa Libertadores y una Supercopa Sudamericana. Espaldas y apoyo le sobrarán para reencausar el rumbo rojiblanco.

El futuro, imprevisible y caprichoso, es una incógnita. Ramón, intocable en el olimpo de los dioses millonarios, afrontará tiempos violentos que no admiten otra decepción. Este River, a años luz de la Máquina de la era Dorada, ni siquiera se acerca al San Lorenzo que también celebró de la mano de Ramón. Díaz deberá rendir un examen constante frente al vertiginoso y volátil fútbol argentino. Sin siquiera imaginar que deparará el destino, el desembarco de Ramón Díaz en River es un punto final a su década más infame, un gigante que pretende reencontrarse con la gloria de antaño. Sustentado en las certezas de un pasado glorioso, contagiados por el júbilo, la esperanza del pueblo rojo y blanco renace con su héroe eterno.

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