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Martín Palermo arregló su vinculación con Godoy Cruz y se suma así a Cagna, Arruabarrena y Guillermo Barros Schelotto. El Pato Abbondanzieri y Schiavi integrarán su cuerpo técnico.

Otro multicampeón del Boca de Bianchi desembarcó en un banco de suplentes. Diego Cagna y Rodolfo Arruabarrena, los dos de esa camada que más experiencia tienen como técnicos, fueron los primeros en incursionar del otro lado de la línea de cal. En el inicio de este año, los hermanos Guillermo y Gustavo Barros Schelotto asumieron en Lanús y aunque tuvieron un frágil inicio de temporada, el equipo repuntó y actualmente es uno de los líderes del Torneo Inicial.

Ahora llegó el turno de Martín Palermo, que juntará sus pertenencias y se embarcará hacia Mendoza con la misma ilusión que cuando entró al vestuario de Estudiantes de La Plata por primera vez en su carrera como jugador, hace ya 20 años. Junto a él, irá Roberto Abbondanzieri, otra cara conocida de aquél plantel de Boca que se brilló en la Copa Libertadores, y además se sumará Rolando Schiavi, que se cambiará los filosos botines por el buzo y el cronómetro.

Es imposible hacer un perfil del Palermo entrenador y describir con palabras pintorescas pero vacías de contenido como jugará su equipo porque simplemente todavía nunca trabajó con un plantel profesional. Seguramente querrá que sus dirigidos toquen como el Barcelona de Guardiola, ¿quién no? pero el rendimiento del cuadro mendocino estará estrictamente relacionado con la claridad del mensaje que el técnico le transmita a los jugadores y también con el grado de captación que éstos tengan con respecto a la idea de su conductor.

Aunque ya está todo definido, Palermo asumirá una vez terminado el campeonato, por lo que, como a todo técnico le gusta, podrá diagramar la pretemporada con total libertad, sin presiones y hasta gozará del beneficio de “armar su equipo”, algo que parece básico pero es una de las primeras excusas que aflora tras el alejamiento de un técnico que asumió con el torneo ya empezado y asocia los malos resultados únicamente al concepto de que “él se tuvo que conformar con el plantel armado por otro”.

Cagna arrancó en Tigre cuando el Matador estaba en la B Nacional, lo hizo ascender y en la primera temporada en la elite del fútbol argentino, llegó al segundo puesto, algo que repitió el semestre siguiente pero con el agregado de que se metió en el triangular final con San Lorenzo y Boca, pero no pudo coronarse campeón porque el Xeneize tuvo más diferencia de gol. Paradójicamente, Palermo formaba parte de ese plantel pero no tuvo minutos en cancha en ese triangular porque en agosto de 2008, ante Lanús, se rompió los ligamentos de la rodilla derecha y se perdió lo que quedaba del semestre.

Arruabarrena también llevó al equipo a pelear el Clausura pasado, pero con el aditivo de que la urgencia de Tigre era sumar puntos para no descender, objetivo que cumplió en la última fecha al empatar con Independiente, pero se quedó con la amarga sensación de que una victoria le daba una final con Arsenal para definir el título.

Si bien no tiene experiencia como conductor de grupo, Palermo cuenta con un bagaje de momentos vividos a los que seguramente recurrirá a la hora de aconsejar a sus dirigidos. No en vano se rompió dos veces la rodilla derecha y volvió para seguir metiendo goles. También silenció a unos cuantos cuando la metió ante Grecia en Sudáfrica 2010, en el que sin dudas fue el gol más gritado por todos los argentinos, que aunque no fueran hinchas de Boca les resultaba inevitable sentir esa especie de cariño que el ídolo bien se ganó de tanto remarla.

Los injustos del fútbol le exigirán resultados en lo inmediato, no porque sea Palermo, sino porque es técnico, es uno más de ese grupo de trabajadores que cuando su equipo pierde salen a hacerse cargo de la derrota para proteger a los jugadores y en las victorias ponen a sus dirigidos por encima de ellos mismos, quedando así en el medio y supeditados a los halagos estratosféricos si todo va bien y a las críticas hostiles si la pelotita no entra.

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