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El Gordo Richard es principal acusado de los hechos violentos que generaron la suspensión del partido entre Independiente y Belgrano. En junio, había revelado su forma de operar.

“¿Cómo suspender un encuentro?”, había sido la pregunta del periodista español Jon Sistiaga en la entrevista realizada para el Canal + en junio último. Y tal como si estuviese respondiendo para un manual de utilidades que detalla en cómodos pasos cómo barnizar un mueble correctamente, Ricardo Pavone, en términos poco  académicos, se explayó.

Es el Gordo Richard. Así se lo conoce en el ambiente. En este momento, uno de los imputados por los hechos de violencia que generaron la suspensión del encuentro del miércoles entre Independiente y Belgrano, en el que terminó lastimado el arquero del Pirata, Juan Carlos Olave. Es simpatizante de Independiente, pero capo en la hinchada de San Telmo. Usa el sarcasmo para expresarse. Se tapa los ojos (o la cara) con anteojos negros, pero sobretodo grandes. Maneja los códigos necesarios para manejar una barra brava: “¿Para ser duro? Tenés que pelear, usar la amenaza, la psicología”, explica. “¿Y vos lo haces?”.  “Si es necesario…”, responde con sorprendente comodidad y aires de líder de un movimiento.

La lucha que decidió encarar el presidente de Independiente Javier Cantero, tiene villanos como este. Que si quieren, pueden “suspender un espectáculo”- en palabras literales de Pavone en dicha entrevista-, como modus operandi para bajar a un presidente. Tipos que se arman de guapos en forma decididamente turbia, como el Riachuelo, que separa La Isla Maciel de La Boca, zona comandada por El Gordo Richard.  Tal es la necesidad de marcar su territorio para estos líderes, que son capaces de tirar un tiro al aire para que un pobre periodista que se anima a entrevistarlo en su hábitat, quede boquiabierto. Escalofriante.

Las cámaras de seguridad revelaron que él fue quien estimuló a los “guachos” a sacudir la bomba. Fuentes policiales informaron que Pavone fue arrestado en Dock Sud, partido de Avellaneda. Además de su arma que parece ser un tatuaje más, llevaba una tiza de cocaína. Ahora se espera el resultado judicial de este nuevo round entre la violencia y el fútbol, que ya agota a los que deseamos que este deporte firme la paz.

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