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Estudiantes le ganó sobre la hora 2-1 a Quilmes con goles de Román Martínez y Duván Zapata. Martín Cauteruccio había marcado el empate transitorio a seis del final.

Locura total en el Estadio Único de La Plata. No sólo porque Estudiantes ganó por primera vez allí en este torneo, sino que también por el modo en que lo hizo. Fue amplio merecedor de la victoria, que llegó en el último minuto gracias al instinto goleador de Duván Zapata, que conectó un rebote corto en el área chica cuando en la gráfica de la televisión ya aparecía el cartel rojo con los minutos adicionados.

El primer tiempo no dejó nada. La pelota rodó muy poco por el pasto, que todavía tenía huellas del partido de rugby entre Los Pumas y Nueva Zelanda del sábado pasado. Precisamente a este deporte que combina manos y pies se asemejó la etapa inicial del encuentro entre el león y el cervecero. Hasta ahí, en la ausencia de fútbol el local había hecho un poquito más, pero no inquietaba con frecuencia al arquero visitante Emanuel Trípodi.

Lo que faltó en los primeros 45 minutos se vio en el complemento. No es para ir de un extremo al otro, pero el complemento fue un poco más amigable para la vista y ante el aumento en la voluntad del conjunto de Cagna de ir para adelante en busca del gol, aparecieron los espacios que le permitieron al visitante poder salir de contraataque, aunque esto no sucedió. Primero una corrida de Zapata a pura potencia, al mejor estilo Batistuta, que se diluyó y luego un mano a mano clarísimo de Gastón Fernández que ganó muy bien Trípodi pusieron en alerta a los dirigidos por Omar De Felippe.

La exquisita definición de Román Martínez parecía sentenciar el partido a pesar de que la diferencia era mínima, pero como Quilmes no atacaba, parecía que el local iba a pasar los minutos restantes moviendo la pelota. Sin embargo, una corrida llena de coraje de Martín Cauteruccio y la ayuda de un rebote le permitió al delantero, gambeta de por medio, igualar el encuentro. Inmerecido pero real, el visitante se llevaba -hasta ahí- un punto que antes que nada, servía.

Pero faltaba algo en la tarde platense y era la aparición mortífera del colombiano Zapata, que cortó la racha sin alegrías en el Único y extendió la del equipo rival, que hace ya siete fines de semana que no sabe lo que es volver a casa sin una victoria a cuestas.