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En el fútbol argentino hay cinco equipos que, por su historia, fueron colocados en un ficticio y selecto grupo al que en la actualidad no representan en el juego.

Recorriendo la historia de Boca, Independiente, Racing, River y San Lorenzo, se pueden encontrar una considerable cantidad de títulos, nacionales e internacionales, y también grandes planteles que son recordados por el brillo que poseían y el espectáculo que brindaban.

Por eso que forjaron a lo largo de los años, estos cinco clubes son considerados Los Grandes del Fútbol Argentino. La pregunta es ¿por quién? Obviamente, los hinchas siempre defenderán a su equipo por encima del resto y lo considerarán el más grande, pero si hay que dictar sentencia por lo que se ve en la cancha, ninguno de este quinteto merece ser llamado Grande. Los números quedan a un lado en esta discusión, porque si hay algo que el fútbol mismo se encargó de demostrar es que el campeón no siempre es el mejor. Por si hace falta un ejemplo, basta con ver los siete partidos de Italia en el Mundial 2006 para darse cuenta.

Hace algunos años que en Argentina se está imponiendo esta lastimosa tendencia de que el vencedor sea el más sólido, a falta de un equipo que realmente juegue bien al fútbol. En otras palabras, y más precisas, “el menos malo”. Alcanza con hacer un poco de memoria para recordar que en el último lustro Racing jugó una promoción ante Belgrano y estuvo al borde de perderla, River descendió en la misma instancia y contra el equipo cordobés, y San Lorenzo también sufrió la temporada pasada y tuvo que disputar la serie de dos partidos ante Instituto para mantener la categoría. Por su parte, Independiente tendrá un año durísimo en el que ni siquiera gozará si gana porque depende de los equipos que ascendieron recientemente.

Falta nombrar a uno: Boca. El equipo de La Ribera, si se quiere, queda exento del sufrimiento, pero ganar jugando mal tampoco es placentero. Inevitablemente, esto desemboca en el interminable debate que lleva más de mil horas en televisión, en el que varios columnistas discuten si lo importante es ganar o jugar bien, pero jamás llegan a una conclusión común. Con algunos partidos impecables de Juan Román Riquelme, la situación se podía maquillar, pero el agujero que dejó su partida desnudó la carencia de ideas del plantel comandado por Julio César Falcioni.

La presión de la gente, de los dirigentes, el promedio, el mal estado de las canchas y el poco tiempo de conocimiento entre los jugadores con respecto a las exigencias son algunas de las excusas que se escuchan a menudo para justificar el bajo nivel que lamentablemente se está haciendo costumbre. No obstante, nunca es noticia un plantel que decida quedarse después del mediodía entrenando para mejorar sus debilidades y potenciar sus virtudes.

Aplicando el sentido común se puede deducir que los cinco grandes tienen más recursos que el resto de los clubes; ya sea ingresos por patrocinadores, predios para entrenar y chapa para seducir jugadores pretendidos por alguno de los quince equipos chicos de Primera División. Sin embargo, a pesar de incipientes apariciones que generan un halo de esperanza en tanto pesimismo, el presente indica que en el fútbol argentino no hay equipos grandes.

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