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Todo lo tenso que era el clima en la previa del partido ante Vélez de esta tarde se transformó en aliento para el equipo y pocos insultos para Angelici.

El clima era tenso en La Boca. Después de que Daniel Angelici echara a Carlos Bianchi y se aprobara la cesión del museo a empresas privadas, todo indicaba que La Bombonera iba a volver a expresarse este domingo. Y en la previa, esa sensación se incrementaba a medida que transcurría la tarde.

El reloj marca las 18 y la cancha explota. Las tribunas están repletas. “En las malas a todas partes, las buenas ya van a venir”, cantan los hinchas y ese canto se transforma en el famoso “Boca, mi buen amigo” para recibir al equipo. Sale el Xeneize y, atrás, aparece Rodolfo Arruabarrena. El “olé, olé, olé, olé, Vasco, Vasco” no se hace esperar y, enseguida, le sigue “Angelici botón, Angelici botón, sos un hijo de p… la p… madre que te parió”.

La bronca estaba latente. Se sentía en cada simpatizante y en cada bandera de agradecimiento a Bianchi. Hasta hubo uno que otro que se la agarró con los jugadores, específicamente con Agustín Orion. Pero el partido empieza y algo cambia. El equipo empieza a mostrar cosas que antes no se veían. Es superior a Vélez, al puntero, al conjunto sensación. Y la gente se ilusiona.

Entonces, la atmósfera alrededor del estadio se modifica. El público cambia el semblante y el enojo se transforma en aliento a los futbolistas, a los colores. La hinchada empuja y los once que están de azul en el césped van para adelante. Ni el – inmerecido – gol de Correa cambia las cosas y el segundo tiempo es la misma fiesta del primero.

Se olvidan de que el presidente echó a dos ídolos en dos meses. Se olvidan del museo y de los “camarilleros”. Se olvidan, porque este domingo Boca se reencontró con su gente después de varios meses.

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