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El conjunto Millonario fue superior en Córdoba y se quedó con un merecido triunfo ante los de Bianchi por 2 a 0. Lanzini y Menseguez, los autores de los goles.

En el segundo Superclásico del verano, disputado en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, River superó con claridad a Boca y le ganó 2 a 0 con goles de Manuel Lanzini, la figura de la cancha, y Juan Carlos Menseguez, quien tuvo un gran partido como casi todo el equipo Millonario.

El primer tiempo de River fue un oasis; una cuota de aire fresco en un verano insoportable. Como la tormenta del jueves pasado. Hacía rato que el equipo de Ramón Díaz no jugaba a semejante velocidad, combinada con precisión. Sin exagerar, podría haberle metido algún gol más a Boca, que como a lo largo del 2013, sufrió demasiado en defensa.

El Millonario tuvo cinco situaciones de gol muy claras y aprovechó dos. En ambos goles -Lanzini y Menseguez-, el peligro se creó llegando al fondo y tirando el centro atrás. Las otras, las que no entraron, fueron más lujosas: jugada tremenda de Manu, que la picó y pasó cerca; mano a mano con lujo de Teo que sacó Trípodi y remate a colocar de un gran Lanzini que también sacó el arquero que reemplazó al lesionado Agustín Orión.

Para el complemento, Bianchi, que había sido expulsado, metió mano. Se dio cuenta de que el Burrito Martínez sufría demasiado con Vangioni -y encima no aportaba nada en el ataque- y mandó a Erbes a hacer el carril derecho. El nuevo esquema de Boca (4-2-3-1) dejó mucho que desear: los laterales y carrileros fueron desbordados constantemente y Gago, la manija de equipo cuando no está Riquelme, no tuvo un buen partido.

Sin embargo, la reacción del Xeneize se hizo esperar. Recién a los 11 minutos del segundo tiempo pudieron meterle una pelota de gol a Gigliotti, que se encontró con Barovero -siempre- bien ubicado. Un par de minutos después, Gago asistió a Forlín, y el arquero de River, que fue ovacionado durante toda la noche por su gente, sacó una pelota increíble.

Daba la sensación de que si Boca quería achicar distancias, debería aprovechar alguna pelota parada. Pero no ocurrió. Sánchez Miño tuvo esas noches en las que parece sin ganas; el pibe Acosta chocó constantemente con la buena defensa de tres que puso el Pelado y Gigliotti fue cansándose de la soledad hasta convertirse en intrascendente.

Por su parte, River entendió que no era necesario seguir buscando el arco rival y se dedicó a mantener la ventaja, apostando a liquidar el partido con alguna contra –que finalmente no aprovechó-. Los hinchas también saben que fue un partido de pretemporada, pero hacía tanto que los de Núñez no disfrutaban de semejante demostración de buen juego, como en el primer tiempo, que no olvidarán la fresca noche cordobesa. La de Lanzini y la del oasis: la noche en la que River se acordó de jugar.

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