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El no de Riquelme sorprendió a los hinchas, que imaginaban al ídolo de nuevo con la 10 en la cancha y a Bianchi en el banco.

Después de varios días de incertidumbre, la claridad no trajo buenas noticias para los hinchas de Boca. Juan Román Riquelme se presentó a las 8:50 en el entrenamiento del equipo en Casa Amarilla y a las 9:12 agarró su camioneta, frenó ante los periodistas, se bajó, y dijo lo que el pueblo xeneize no quería escuchar: "A Boca no vuelvo".

Esta novela, que tuvo gran rating en los últimos diez díaz, empezó hace seis meses, en San Pablo, horas antes de que Boca enfrentara al Corinthians por la final de la Copa Libertadores. Aquel 4 de julio de 2012, Román le anunciaba al presidente y a algunos de sus compañeros que, pase lo que pase, sea el resultado que fuera, el 10 no seguiría en el club. Boca finalmente perdió el partido, la final, y a Riquelme. Muchos de los hinchas quedaron más tristes por la pérdida del ídolo que por la derrota.

Si bien Riquelme nunca lo confirmó de manera directa, se especuló con que el prematuro retiro se debió a la mala relación del enganche con Julio César Falcioni. El presidente del club, Daniel Angelici, que años atrás había renunciado a la tesorería del club por estar en desacuerdo con la renovación del contrato de Román, también habría sido otra de las causas. Angelici, además, se convirtió en bastión fundamental de Falcioni, a quien salía a respaldar en los medios ante cada turbulencia.

Riquelme se habría cansado de los malos manejos del técnico y el presidente para con él y decidió no jugar más, anunciándolo con aquella famosa frase: "Estoy vacío". El potencial en toda esta secuencia (y en toda esta novela, en realidad) es porque el eganche jamás confirmó directamente estas suposiciones, aunque las dejó entrever más de una vez.

Sin el 10, sin el jugador que hacía jugar al equipo, Boca tuvo un segundo semestre del año regular, con malos partidos y los hinchas se mostraban cada vez más duros con Falcioni, a quien acusaban directamente de ser el responsable de la ida del mejor jugador de la historia del club. A pesar de ese rechazo, Angelici quiso hacer pata ancha y no solo le ofreció renovarle, sino que además, desafiante, se juntó con el entrenador a comer en Puerto Madero en la semana previa al último partido del Torneo Inicial en la Bombonera.

Y acá es cuando la figura de Riquelme vuelve a aparecer y a generar todo lo que pasó entre aquel 5 de diciembre y esta mañana en Casa Amarilla. Román, luego de ver las intenciones del presidente, se paseó por cuanto canal le diera micrófono para tirar una indirecta atrás de otra contra Falcioni y contra Angelici. Con sus habituales códigos (que hasta ahora nadie supo descifrar) Riquelme decía y no decía. Se postulaba para volver, pero no se postulaba. Incluso el hermano comenzó a filtrar fotos de Román cuando era chico con la camiseta de Boca, y hasta una saludando a los simpatizantes xeneizes por el Día del Hincha de Boca.



La Bombonera, ciclotímica, caliente, salió a defender a su ídolo. La última fecha frente a Godoy Cruz, en la que el equipo no se jugaba nada, ya clasificado a la Copa y fuera de la pelea del torneo, reunía varios ingredientes. La vuelta de Martín Palermo y Roberto Abbondanzieri en al banco visitante, el retiro de Rolando Schiavi, otro referente de la etapa dorada, y, por supuesto la novela del entrenador. Apenas terminado el primer tiempo (con un flojo desempeño de Boca y un 0-0 pintado) la Bombonera explotó al grito de : "Riquelme, Riquelme". Al mismo tiempo, en la pantalla del estadio, pasaban imágenes de Schiavi y declaraciones de ex compañeros, ídolos y entrenadores como homenaje al Flaco. Y en eso, apareció la imagen de Carlos Bianchi: "Que de la mano, de Carlos Bianchi, todos la vuelta vamos a dar", gritó la gente, que inmediatamente comenzó a insultar a Falcioni y a Angelici, de cara al palco presidencial. La barrabrava se encargó de "calmar" los ánimos, como suele hacer, mediante la amedrentación.

Las fichas ya estaban jugadas _la mayoría por Riquelme_ y la estadía de Falcioni en el banco de Boca ya tenía fecha de vencimiento. Días después, Angelici, consciente de su error al desafiar al hincha de Boca, fue a buscar a Carlos Bianchi, el único que podría hacer revertir su mala imagen después del affaire Falcioni. Claro que si llevaba a Bianchi, con el Virrey era muy probable que vuelva Riquelme. Los tres se juntaron en la casa del entrenador en Barrio Parque el 26 de diciembre, y los hinchas se ilusionaban cada vez más con la vuelta del ídolo.

Pero los días pasaban y ni Riquelme, ni Bianchi, ni Angelici, hacían declaraciones al respecto. El vice Juan Carlos Crespi fue el único que se expidió al respecto: "A Román lo esperamos con el bolsito el 5 de enero". La prensa comenzó a especular con un pedido del enganche de extender su vinculación con Boca hasta 2015, luego con una mejora en los términos del contrato (la cotización del dólar en su acuerdo, pesificado), pero nada de esto fue confirmado ni por el jugador o su representante, Daniel Bolotnicoff, ni por la dirigencia. Hasta se dijo que Riquelme había cancelado sus vacaciones en Cariló para arreglar su vuelta: "No conozco Cariló, mis vacaciones las paso en Don Torcuato", desarticuló Román.

Lo cierto es que la novela llegó a su fin esta mañana, cuando el eganche se presentó en Casa Amarilla para confirmar que no volverá al club que, como siempre dice, es su casa. Riquelme dejó la puerta abierta para seguir su carrera en otro club argentino, o incluso en el exterior. Pero eso, al hincha de Boca, poco le importa. En su cabeza, lo único que retumba una y otra vez, es el "a Boca no vuelvo". Algún día, el ídolo deberá explicar por qué últimamente tiende a ilusionar al hincha, para luego quitarle esa ilusión.

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