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La presión alta, la tenencia de la pelota, la salida rápida... el estreno del Tata al frente del seleccionado dejó mucho por examinar y comparar con el paso de Sabella.

Pasaron 52 días desde aquella lamentable final. La decepción por la Copa perdida terminó con el alejamiento de Alejandro Sabella al frente del seleccionado y el comienzo de un nuevo ciclo, con Gerardo Martino como elegido para guiar el rumbo del equipo de Messi y compañía. Hoy, Argentina volvió a enfrentarse al mismo rival que aquel 13 de julio en el Maracaná de Río de Janeiro, e instantes después del triunfo ante Alemania por 4-2 se impone una primera comparación entre la Selección de Pachorra y la del Tata.

Hubo marcas en común y diferencias notorias entre un equipo y otro. ¿En qué punto de la curva se juntan, al menos en este primer análisis, los conjuntos de Sabella y Martino? En la inteligencia a la hora de los planteos. Martino ya admitió que no vacilará a la hora de cambiar el esquema pensando en el rival, a pesar de que siempre priorizará una filosofía de juego. Sabella también, a lo largo de las Eliminatorias y más tarde en el Mundial, supo acomodar a su equipo en función del de enfrente.

En Düsseldorf, y contra el campeón del mundo, Martino eligió no especular y salió a presionar bien arriba. Lamela y Di María cubrieron la salida de los laterales -fórmula ya empleada por Sabella-, pero a estos dos se sumó Lucas Biglia, apretando bien arriba a los centrales rivales y, en algunas situaciones, hasta al propio arquero, Neuer.

Ante la ausencia de Lionel Messi, con una sobrecarga según el cuerpo médico de Barcelona, los dos hombres más adelantados fueron Agüero y el propio Di María, pero la única referencia fue la del Kun, ya que el Fideo se movió con libertad por el andarivel derecho y cruzándose cuando la situación lo ameritaba. Así, el juego se hizo ancho en ataque y complicó a la defensa alemana.

El equipo evitó los pelotazos y trató, en todo momento, de ser corto. La imperiosa búsqueda del dominio de la pelota podría enmarcarse entre las diferencias más claras con el ciclo anterior, en un primerizo y rústico análisis. El propio Romero reconoció que deberá, desde su área, mejorar la precisión del toque corto y olvidarse por un tiempo de los pelotazos. 

Así, con Mascherano entre los centrales de una defensa adelantada, y Biglia apretando la salida rival, el equipo se hace corto pero con más presencia en campo ajeno que en el propio.

Lo que se repitió en el nuevo ciclo fueron las rápidas transiciones de defensa a ataque. El orden defensivo le da paso a la recuperación y a la salida electrizante, como se vio en el gol de Di María. Lo que no se vio hoy, al mismo tiempo, fue la solidez de los centrales, que en Brasil 2014 se lucieron y en Düsseldorf tuvieron una noche bien discreta. 

Todo lo escrito se desprende de una apresurada lectura, pero necesaria en nuestra identidad futbolera que no nos da tiempo a la contemplación largoplacista. Lo que no entró en el examen fue la efectividad para ponerse 4-0 cuando la mayoría de los 40 millones de argentinos seguían lamentándose por la final perdida en Río, abatidos por los recuerdos.

La diferencia en el resultado, exagerada para lo que fue el trámite, dio lugar a un partido más desprolijo, con el equipo de Jöachim Low yendo con bravura a descontar ante más de 50 mil hinchas que querían celebrar la Copa obtenida en Brasil hace menos de dos meses. Allí se hizo todo más difícil de analizar, con cinco cambios más el arquero abandonando la cancha, y Alemania convirtiendo dos goles.

Lo importante, más allá del triunfo, fue un funcionamiento que aprobó tras las expectativas del debut de Martino, y la esperanza de que, sumado Leo al equipo, Argentina pueda crecer durante los próximos años para volver a tener la chance de una verdadera revancha. Rusia espera.

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