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La suspensión de Superclásico de las Américas generó una fuerte desilusión en el público chaqueño, que había esperado con mucha ilusión este Argentina-Brasil frustrado.

No es un dia más en Resistencia. Algo es distinto. Se siente en el aire, se escucha en la calle. El tema que acapara las conversaciones de locales y turistas -los que aún quedan deambulando en la ciudad- tienen como tema principal de conversación el partido de anoche. O, mejor dicho, la suspensión del mismo. La sensación general es de amargura, de bronca e impotencia. Las más de 20.000 personas que anoche se acercaron al Estadio Centenario pese a los altos precios -las populares a $120 y las plateas entre $250 y $350- lo hicieron con gran expectativa. La ansiedad y la motivación de ver un partido entre Argentina y Brasil hizo que la gente, desde temprano, se acerque a la cancha del Club Sarmiento. Apenas pasadas las 18 horas -el partido comenzaba a las 22-, la gente se comenzó a desparramar por las tribunas.

Para Resistencia, ciudad poco acostumbrada a estos eventos, el Superclásico de las Américas era la oportunidad ideal de ver a un mundialista como Maxi Rodríguez, a Leonardo Ponzio y Clemente Rodríguez -los más solicitados y ovacionados por el público en la presentación de los planteles- y, lógicamente, a Neymar. La joven estrella brasileña le otorgaba también una entidad al rival, una referencia para los espectadores. Ésta selección de Mano Menezes, con grandes talentos del cada vez más atrapante Brasileirao, es "el equipo de Neymar". Pese a la silbatina cuando la joya del Santos salió al campo de juego, y los cánticos por Messi, el magnetismo que genera su figura quedó evidenciado anoche.

Cuando la voz del estadio comunicó la suspensión del partido, pasadas las 23 horas, el público se comenzó a retirar, entre claras -y comprensibles- muestras de fastidio y bronca. Muchos -más de mil personas- se quedaron detrás del cercado que se armó entre vallas y policías esperando un acercamiento con algún jugador, que nunca llegó. Como había sucedido en el hotel, el contacto de los protagonistas con la gente fue mínimo -la excepción, los cuatro jugadores de Boca- y eso generó cierta decepción en los hinchas.

Poco importó la explicación oficial, o la decisión de devolver el dinero de las entradas. El vacío de fútbol no se llenará con el dinero. Será una misión difícil, sino imposible, reprogramar el partido en el corto plazo. Las agendas de los clubes y de las selecciones de ambos países se encuentran armadas con antelación, y encontrar un hueco no es fácil. Así lo dieron a entender luego de la suspensión varios miembros de la comitiva de AFA como Germán Lerche, presidente de Colón de Santa Fe.

Un apagón, un infortunio, dejó sin fútbol la noche resistenciana. Tal vez en un futuro, Chaco y su gente tengan la revancha que se merecen.

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