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A Fabbro ya no lo bancan más: fastidio, silbidos, murmullos e insultos fue lo que le dedicaron los hinchas de River al enganche por el que tanto pidió Ramón.

“¡Levantá la bocha, Fabbro, la p... madre que te parió!”. Era el cuarto tiro desde el sector derecho en el primer tiempo que el enganche tenía para patear. La juagada estaba preparada: la idea era enviar la pelota al primer palo para que Gabriel Mercado la cabeceara al arco de Agustín Marchesín. Alrededor de los 40' minutos del primer tiempo, salió por primera y única vez y el balón quedó en manos del arquero de Lanús. Esos córners ilustran a la perfección lo que fue la performance del ex-Boca en el partido.

Era uno de esos encuentros para que el enganche se luzca. Si bien el Grana realizó una buena presión sobre la salida de River, el planteo de Guillermo Barros Schelotto, con tres cincos, como Diego González, Jorge Ortíz y Leandro Somoza, le permitía a Fabbro ganar con facilidad las espaldas de los dos primeros, que se soltaban para ir a buscar más adelante. En las pocas oportunidades que pudo recibir por ese sector, tocó con facilidad hacia los costados, especialmente hacia la derecha, y metió el único pase gol del partido: a los 14' se la cedió a Teo Gutiérrez, pero se le fue un poco larga.

En el segundo tiempo tuvo varios errores, otras tantas imprecisiones y la gente comenzó a impacientarse. El “cuando empiece a jugar bien” se convirtió en murmullos, insultos al aire, silbidos y mucho, pero mucho, fastidio. El hincha ya no se banca las frases vacías de cassette de los jugadores: ahora lo quieren ver en acción. Y defrauda porque no genera nada. Sus compañeros tampoco lo ayudan y por eso la platea se ve obligada a aplaudir las numerosas corajeadas de Matías Kranevitter o las tapadas de Marcelo Barovero.

¿Qué lo salva? La pegada. Porque más allá de esos cuatro envíos desde los costados desperdiciados, más otro que fue pasado y a cualquier parte, pegó un tiro libre en el palo y otros dos, desde un poco lejos, que tapó bien Marchesín. Pero no alcanza con eso. Jony llegó como la ilusión y gran promesa (del técnico) de ese 10 de épocas con más gloria que penas por Núñez. Hasta ahora, está lejos de cumplir.

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