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Tras la salida del ex Central, el Patón llegó a Boedo y puso su sello. El equipo, tras un arranque flojo, comprendió el mensaje del DT y lo coronó de la mejor forma.

El 3 de enero de 2014, Edgardo Bauza asumió como entrenador de San Lorenzo . El extécnico de Rosario Central y Liga de Quito, entre otros, llegó con la difícil tarea de agarrar un equipo campeón. El Ciclón venía de obtener el Torneo Inicial con Juan Antonio Pizzi, en cancha de Vélez.

Pese a haber sido el ganador con menos puntos en la historia de un torneo corto , aquel conjunto azulgrana sentó bases sólidas y consolidó a varios jugadores. Correa, Piatti, Ortigoza y Mercier fueron algunos. El equipo tenía un estilo propio: toque corto, juego asociado, mucha gente en ataque y presión bien arriba. Con un plantel heredado y la posibilidad de reforzarse con sólo dos jugadores -llegaron Carlos Valdés y Mauro Matos-, el Patón Bauza se puso el buzo de DT con la presión de tener como objetivo en el horizonte inmediato la Copa Libertadores de América .

Campeón del torneo continental en 2008 con Liga de Quito, el rosarino supo que estaba frente a una oportunidad histórica y, a partir de lo que dejó Pizzi, de a poco empezó a darle su impronta táctica al equipo de Boedo. Achicó espacios entre las líneas, apostó a explotar pelotas paradas y contrataques y dejó en claro que el lugar en el campo en que se empezaba a presionar al rival dependía del equipo que tenía en frente.

La transición de las ideas Pizzi-Bauza le costó al equipo . El 2-0 en Bahia Blanca frente a Olimpo y el 3-0 en el Maracaná contra Botafogo llenaron de dudas a más de uno. Se mostró un conjunto que no pisaba el área rival y que además, defendía mal. Le siguieron triunfos sobre Racing, Argentinos Juniors e Independiente del Valle que dieron tranquilidad desde los resultados, pero el Ciclón todavía no mostraba lo que el DT quería.

Con la ilusión de más de 50 años sobre la espalda, las preferencias con el correr de los partidos se volcaron sobre la Copa, donde el Cuervo se vio casi eliminado tras el 1-1 en Ecuador frente a Independiente. Sin embargo, la histórica victoria de Unión Española en Brasil le dio una vida más en el último partido del grupo, casi como una suerte de devolución tras tantos años de tristezas en este certamen.  

Ante Botafogo, en el Nuevo Gasómetro, se produjo el quiebre y se vio lo que Bauza pretendía. El equipo tuvo chapa de campeón, le ganó 3-0 al conjunto brasileño y pasó de ronda. Pudo haber quedado afuera, ya que el gol de Piatti llegó a falta de dos minutos. 

Gremio, Cruzeiro, Bolívar y Nacional fueron las victimas en los cruces de mano a mano , donde San Lorenzo se sintió más cómodo. El doble pivote entre Ortigoza y Mercier fue el equilibrio del equipo. Le otorgó recuperación y circulación de juego para que los Piatti, Romagnoli, Correa -hasta cuartos de final-, Villalba y Verón hicieran el resto de mitad de cancha para delante. Los laterales aportaron llegada y sacrificio y el triángulo Torrico, Cetto y Gentiletti creció a tal punto que sólo recibió dos goles en contra en los últimos cuatro partidos.

Las bases de este equipo nacieron en 2013 con Pizzi, y por eso Bauza en los festejos también agradeció al exentrenador, pero el Patón le dio su sello y les transmitió a los jugadores algo especial, eso que conocen bien los que fueron campeones de América alguna vez. San Lorenzo tuvo un rendimiento que fue menor a mayor y terminó con la transición ideal entre Liniers y el Nuevo Gasómetro. 

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