thumbnail Hola,

A 54 años de aquel destrato, de aquel negocio con Peñarol en la semifinal de la primera edición, el Ciclón tiene la Copa en sus manos. El deseo de un pueblo hoy es realidad.

La Copa de Campeones de América de 1960 no tenía demasiada aceptación entre los clubes de la Conmebol. Nadie le tenía demasiada fe al certamen que nacía ese año, a punto tal que solamente siete equipos participaron del torneo. La mayoría de los dirigentes sudamericanos de la época pensaba que era una competición menor, que no perduraría en el tiempo. Y vaya si estaban equivocados. Porque ese torneo con pocos adeptos, hoy se llama Copa Libertadores y acaba de consagrar al ganador de su edición número 55: San Lorenzo de Almagro, un campeón al que el trofeo le cobró durante más de cincuenta años el desprecio sufrido en aquella primera cita. Hasta que una noche de agosto, en 2014, finalmente se dejó conquistar.

El Ciclón disputó esa Copa de Campeones de América, que se jugó a eliminación directa desde cuartos de final, por haber sido el campeón del torneo argentino de 1959. En la primera serie eliminó a Bahía de Brasil y se metió en las semifinales, donde debía enfrentarse con Peñarol: en la ida sacó un muy buen empate 1-1 en Montevideo, pero no pudo pasar del 0-0 en la cancha de Huracán y todo debió definirse en un partido desempate. Fue entonces cuando llegó el error histórico, ese que recién este 13 de agosto del 2014 fue subsanado.

El encuentro tenía que jugarse en una cancha neutral tal como estipulaba el reglamento, pero los dirigentes uruguayos, que habían sido los principales impulsores de la creación del torneo, ofrecieron la mitad de la recaudación por la venta de entradas a cambio de que el partido se jugara en el Centenario. Y sus pares argentinos aceptaron. 55 mil personas coparon el Centenario y las arcas de Boedo recibieron una buena cantidad de billetes, el Carbonero ganó 2-1 (después, obtendría el primero de sus cinco títulos continentales) y nació el desamor entre la Copa y el Cuervo. Desde aquella vez y hasta ayer, San Lorenzo había jugado otras once veces la Libertadores y nunca había podido superar las semifinales.

En su siguiente participación luego de la de 1960, en 1973, el conjunto azulgrana otra vez quedó en las puertas de la gloria. El torneo tenía un formato distinto al actual: después de ganar el Grupo A con cinco victorias y una derrota, el Ciclón pasó a disputar la segunda fase, en la que había dos grupos de tres equipos para definir a los dos finalistas. Al equipo de Boedo le tocó Millonarios e Independiente, el campeón defensor que empezaba a disputar el torneo en esa instancia. Después de ganarle a los colombianos como local e igualar como visitante, hubo un empate con el Rojo en casa y todo pasó a definirse el 9 de mayo en Avellaneda. Con el empate, el Santo se metía en la definición, pero perdió 1-0 y la gloria otra vez quedó pendiente.

Quince años pasaron para tener una nueva chance: en 1988, otra vez las semifinales fueron el límite. Newell's fue el verdugo en esa ocasión. San Lorenzo había compartido grupo con el conjunto rosarino, al que no le pudo ganar en los cinco partidos que disputaron en el torneo: en la primera ronda, igualaron dos veces 0-0 y la Lepra se impuso 1-0 en el duelo para desempatar el primer puesto; y en las semis fueron dos victorias rojinegras (1-0 en el Parque Independencia y 2-1 en la vuelta).

Los equipos argentinos parecían interponerse siempre en el camino del Matador: en 1992, Newell's sería nuevamente la Bestia Negra y en 1996, la derrota llegaría contra River, ambas en cuartos de final. Y entonces llegarían cuatro eliminaciones consecutivas en la fase de grupos, en 2000, 2001, 2002 y 2005, a las que después se sumaría una más, en 2009. En el medio, en 2008, el Ciclón había realizado una gran inversión económica y armó un equipo ultra competitivo, que eliminó a River con dos jugadores menos en el histórico 8M y parecía lo suficientemente agrandado como para llevarse puesto a cualquiera. Pero Agustín Orion hizo jueguitos en los cuartos de final y Liga de Quito sacó por penales al gran candidato.

Parecía, entonces, que la maldición no se acabaría nunca. Pero el amor, al final, siempre triunfa y hoy en Boedo están todos muy enamorados.

Relacionados