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El Atleti se quedó con la Supercopa de España, su quinto título desde que Diego Simeone es el entrenador. Un señor técnico que no para de crecer a la par del equipo.

Atlético de Madrid y Diego Pablo Simeone van de la mano. Juntos en el crecimiento, en consolidarse, en triunfar, en romper con el bipartidismo español, con un fútbol repartido en partes similares entre dos equipos. Lo metió en el medio como una pequeña molestia, les fue mojando la oreja y hoy pide sentarse en esa mesa con todos los pergaminos necesarios.

Esa espina que provocó el gol de Sergio Ramos en la agonía de la final de la Champions, luego enterrada con los tantos en la prórroga, dejó una herida que solo puede cicatrizarse con la Orejona. Pero a partir del dolor surge el hambre de no rendirse, de no sentir que volver a una final europea es imposible y este viernes arrancó el camino con otro título.

Era una noche ideal para tomarse una pequeña revancha de Real Madrid, el vecino rico, el que abre un champán caro y tira el corcho en el patio para que vean lo que toma. Y el humilde Atleti prefiere otra vida, la de llegar cansado pero no mirar hacia la casa de al lado, sino descansar para estar listo en el siguiente día de trabajo. Trabajo es la palabra que da la bienvenida al Vicente Calderón desde que el Cholo está al frente.

Aquellas palabras sobre el precio de James Rodríguez, equivalente a todos los refuerzos de los Colchoneros, no fueron simplemente una comparación monetaria. Simeone armó un plantel ideal para suplir las bajas y potenciar a los que se quedaron. Y he ahí la diferencia: él arma, él pide, él decide. Nadie le impone. Si vende una o 100 mil camisetas le da lo mismo. Su objetivo es ganar.

Un gol tempranero abre la historia, reconfigura el planteo. Y es donde más cómodo se siente este Atleti, que espera por momentos atrás, confiado en Godín y Miranda, ya sin Courtois atrás para atajar, pero con la seguridad de que el tanto en contra no llegará. Y sale como daga en el contragolpe, porque físicamente nadie lo podrá superar nunca. Porque está preparado para hacerlo así, para que donde haya un rival con la pelota, haya dos en la marca, con una presión que ahoga y jamás se detiene.

Ya van 32 meses desde aquel diciembre del 2011 cuando reemplazó a Enrique Cerezo. Levantó la UEFA Europa League 2011-12, la Supercopa de Europa de ese año, la Copa del Rey 2012-13, La Liga 2013-14 y ahora la Supercopa de España. Son cinco títulos, además de dos finales perdidas, como la Supercopa española de hace un año y la mencionada Champions League.

Pero no se trata de títulos en sí, aunque sea lo que perdure en el tiempo. El logro es aún mayor, en un fútbol polarizado: terminar con que España sea Real Madrid o Barcelona, tanto a nivel interno como europeo. Diego Simeone hoy es grande porque Atlético de Madrid es grande, y viceversa.

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