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En Goal decidimos darle cabida a la causa preferida que esgrimen los futboleros para explicar el bajón físico de Leo. Repasá cómo fueron las vacaciones de la Pulga.

Lionel Messi tiene lo que quiere, menos vacaciones. Qué placer de este mundo podría negársele al mejor futbolista de todos. Casi ninguno. Pero si de descansar unos días se trata, la Pulga deja de ser un privilegiado.

Durante el receso de verano pasó más de dos días arriba de un avión, entre viajes a eventos de las marcas que lo publicitan y a partidos amistosos en distintas partes del mundo.

Las (no) vacaciones de Messi es la causa preferida al momento de explicar los bajones físicos del rosarino, que este domingo volvió a lesionarse y es casi un hecho que no volverá a las canchas hasta el próximo año.

La alarma se encendió cuando Leo debió ser reemplazado al minuto 19 del partido contra Betis (triunfo  4 a 1 de Barcelona). Esta lesión lo excluyó de los partidos amistosos que la Selección argentina disputará esta semana en Estados Unidos.

Imagínese si a usted le dicen que en sus vacaciones deberá pasar cincuenta y cuatro horas arriba de un avión. El viajar es un placer, canta el célebre Miliki. Pero para los mortales. Para los que, como Messi, acostumbran a vivir en las alturas, yendo de una ciudad a otra, de un partido a otro, subirse a un avión es tan rutinario como cepillarse los dientes.

El saturado itinerario comenzó el 20 de junio. La Pulga partió desde Buenos Aires a Milan. Allí, en la ciudad de la moda y el glamour, se lució como modelo de la prestigiosa Dolce & Gabbana, marca que lo patrocina. En Italia celebró su cumpleaños 26 arriba de un barco junto a sus dos hermanos, antes de embarcar rumbo a Dakar, la capital de Senegal.

Messi estuvo en África por motivo de un acto benéfico contra la malaria. Protagonizó y conferenció en el marco de una campaña de concientización contra esta enfermedad que acecha a varios países del continente. Esta experiencia fue la víspera de un rally de cuatro partidos amistosos que afrontó en menos de diez días.

De África viajó rumbo a Medellín, previa escala en Madrid: 11188 kilómetros, más de 15 horas de vuelo. Su equipo, Los amigos de Messi, enfrentó a Resto del Mundo. El rosarino había participado de este mismo evento en 2012, en la ciudad de Bogotá.

Más tarde, voló con destino a Lima para el segundo amistoso de la gira, disputado el 2 de julio. Otra vez los mismos equipos que en la anterior presentación, pero con la presencia del as brasileño Neymar, nuevo compañero de Leo tras haber sido fichado por Barcelona. Esa misma noche, embarcó nuevamente. Siguiente parada, Los Ángeles, a casi 7000 kilómetros de la capital peruana, poco más de ocho horas en las alturas. El partido que debía jugarse en esta ciudad californiana finalmente se suspendió. Messi y su entorno decidieron no presentarse alegando el incumplimiento de un cláusula contractual por parte de los organizadores.

El 3 de julio jugó, el 4 viajó a Chicago. Otros 2805 kilómetros. El 6, en Chicago, le puso punto final a la gira. ¿Se acuerdan? Empezó en Milan, pasó por Dakar, viajó hasta Medellín, deleitó al público de Lima, dejó con las ganas a los latinos y a los (pocos) nativos que iban a ir a verlo en Los Ángeles y se despidió en la tierra de Al Capone. Aclaración, nuestro conteo no incluye las horas ni los kilómetros que separan Chicago de Barcelona, el último vuelo que tomó el futbolista. La cuenta, de todos modos, asusta: más de 38 mil kilómetros recorridos...

Entonces, ¿dónde están las vacaciones de Messi? Tuvo apenas ocho días libres desde su llegada de los Estados Unidos hasta el 15 de agosoto, día en que se presentó a los entrenamientos de pretemporada con su club. En vísperas de la Copa del Mundo, Leo se lesiona y Alejandro Sabella, sufre. ¿Hay retorno?

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