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El ex jugador de River convirtió en los últimos cinco encuentros, se va consolidando cada vez más, y los hinchas lo ven como el futuro sucesor de Francesco Totti.

A veces, el buen momento de un jugador no se condice con la campaña del club al que representa. El protagonista no sabe cuando le tocará estar en esplendidas condiciones físicas, mentales y de actitud;  puede que le suceda cuando todo lo que gira alrededor de su equipo no esté de la mejor manera. Lo importante, dicen los que saben , es estar preparado:  en las malas no desmoronarse y quedar al menos bien parado, para que luego, en las buenas,  se pueda sacar el mejor provecho de uno, con la experiencia en la espalda de haberse hecho fuerte en un momento adverso.

Y eso es lo que le viene sucediendo a Erik Lamela. Con tan sólo 20 años, ha vivido mayoría de situaciones complicadas. En su estadía en River, entre 2009 y 2011, le tocó lidiar con la peor época del club en su historia, que culminó con el descenso a la B Nacional. Pero él, siendo titular en los momentos más hostiles y con apenas la mayoría de edad recién cumplida, fue uno de los jugadores que rescató la prensa y la hinchada. Lo interesante del caso, es que se destacó por su entrega y coraje, más que por lo que mejor sabe hacer: desplegar magia y talento de tres cuartos de cancha en adelante.

Hoy, en la Roma, con una presión diferente, comienza a responder al precio de 18 millones que un día frío de agosto de 2011 ese club pagó por él. Pero, al igual que en su paso por River, Lamela se encuentra en un equipo irregular, que cuando gana golea,  pero que puede perder tres encuentros consecutivos, como le sucedió hasta el fin de semana pasado. Lleva 17 puntos, muy lejos del puntero, Juventus, que alcanza las 28 unidades.

El joven nacido en Carapachay,  provincia de Buenos Aires, viene de convertir por quinta vez consecutiva. Esta vez la víctima de su capacidad fue el Palermo, que se encontró con una versión de la Roma –contundente, audaz-  desentonada respecto a las últimas presentaciones, y más bien similar a aquella Roma que supo liderar otro argentino, Gabriel Omar Batistuta, allá por 2001. Fue 4-1, aunque la ventaja podría haber sido mayor. Y Lamela fue la figura para hinchas, periodistas y dirigentes.

Los datos marcan una carrera en ascenso del ex River. Llegó a los siete tantos en esta campaña, seis de los cuales fueron seguidos. Metió uno en el 2-0 con Atalanta; otro con Genoa, en la derrota 4-2; doblete en el traspié con Udinese 3-2, uno con Parma en la caída 2-3; y el de ayer. El primero había sido también en una caída: con Bologna por 3-2.

La Associazione Sportiva Roma lo espera. Muchos tifosi lo ven con ojos de sucesor, y son testigos de una especie de despegue del crack. El eterno emperador manifestó: “Lamela tiene todo para ser mi heredero”. Y de seguro que Totti confirma partido a partido que las condiciones de Coco son suficientes para dejar una huella trascendente en la historia del club.

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