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Pasó mucho tiempo desde que Suecia eliminó a Argentina del Mundial 2002, pero la herida sigue abierta. Se cumple otro aniversario y en 365 días empieza una nueva Copa del Mundo.

  Luciano Román Garzo
  Redactor
  Goal.com Argentina
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Hace once años puedo decir que vivía mi primer Mundial de forma plena. Es cierto, el de Francia 1998 lo recuerdo a la perfección, pero no sé si por el hecho de tener apenas siete y no jugar en una cancha grande y de pasto con diez compañeros a mi lado, la eliminación con Holanda me dolió pero no fue tan traumática. Además, le habíamos ganado por penales a Inglaterra, un país que yo desde bien chico tenía entendido que algo malo nos había hecho pero no sabía bien qué.

Cuestión, llegó ese Mundial en aquellos extraños países donde algunas comidas se comen con palitos en lugar de cubiertos, y yo sentí una revolución interna que difícilmente pueda explicar con palabras. No necesito extenderme demasiado en el relato: el partido con Nigeria lo vi con 40 grados de fiebre, que pasaron a ser 38 cuando Bati la metió y bajaron a los 37 habituales del ser humano una vez que el árbitro dijo que habíamos ganado en el debut de Corea-Japón 2002.

Llorando vi el partido con Inglaterra sin saber que íbamos a perder. Aunque era chico, sabía que se iban a querer vengar de lo sucedido cuatro años atrás, tenía ese presentimiento y así fue. Una serie de resultados nos dejaba al borde de la eliminación y teníamos que jugar contra Suecia, de quién yo sólo sabía que eran todos rubios porque allá arriba, donde vivían ellos, hacía mucho frío y no había sol.

Precisamente allá arriba la clavó Anders Svensson, ese sueco que me amargó la vida para siempre. Aunque quedaba media hora sólo recuerdo que hasta el final estrujé como nunca la camiseta de Argentina que ya no tenía puesta, porque aunque eran las cuatro de la mañana de un 12 de junio, yo no sentía el frío, había un fuego que me quemaba cada vez más y después entendí que esa sensación era el amor por esos colores.

Hace once años Marcelo Bielsa pasó a ser un tema de debate acalorado en todas las charlas de café cada vez que se lo nombra. Hace once años, ese Loco ganó tantos adeptos como enemigos a pesar de un resultado que no lo acompañó. Hace once años éramos candidatos a ganar el Mundial en la tierra del sol naciente y nos volvimos en primera ronda. Hace once años espero revancha y sé que antes de irme allá arriba, donde hace mucho frío, la voy a tener.