thumbnail Hola,

El holandés regresa al Bernabéu con harapos de ex jugador a sus escasos 28 años. Se ganó al madridismo con un año en el Real y otro en el Inter primorosos. Lejos de su nivel hoy.

22 de mayo de 2010. Bayern de Múnich e Inter de Milán se citan en el Santiago Bernabéu para dirimir quién será el campeón de Europa, siendo el equipo de José Mourinho el que recogería el testigo del Barcelona, al que ya eliminó en las semifinales. Los focos apuntan entonces hacia el entrenador de Setúbal, ganador por segunda vez del entorchado europeo y que ni siquiera viaja de vuelta a Milán para celebrarlo, con la cabeza ya puesta en el Real Madrid. Pero también en un Wesley Sneijder que sube al olimpo del fútbol como neroazurro después de haber tocado fondo en ese mismo estadio como madridista. Meses después, llevaría a la selección holandesa también a la final del Mundial de Sudáfrica, siendo reconocido por ello como el Mejor Centrocampista de la Champions ese año, y cuarto mejor jugador del mundo según las votaciones del FIFA Balón de Oro. Algo que nadie podría haber imaginado apenas doce meses antes.

Jugador de enorme talento y personalidad sobre el campo, Sneijder despuntó en el Ajax, club en el que se formó desde la pubertad. Su desparpajo, su visión de juego, su disparo desde lejos, su capacidad organizativa, su hambre, su olfato goleador le convirtieron en uno de los referentes indiscutibles de la que probablemente fue la última gran camada del cuadro ajaccied, al lado de los Van der Vaart, Ibrahimovic, Chivu, Van der Meyde, Huntelaar y compañía. Carne de un grande, a los 23 años dio el salto a un Real Madrid que venía de romper la racha gloriosa del Barcelona con una remontada histórica en la Liga. Y con el ímpetu inversor de un Ramón Calderón obligado a cumplir sus promesas electorales, y una entidad blaugrana en pleno proceso de regeneración, al tulipán no le costó mucho meterse en el bolsillo al madridismo.
EL DECLIVE DE SNEIJDER EN EL MADRID
Lastrado por una grave lesión de rodilla sufrida en verano de 2008 ante el Arsenal, y arrastrando problemas personales, Sneijder se fue diluyendo cual azucarillo en agua esa temporada.

Los casi 30 millones de euros que se habían pagado por Sneijder parecían pocos entonces, en esa espiral de optimismo que recorría la Casa Blanca, donde todo era miel sobre hojuelas en un principio. Y el mejor reflejo fue que el Barcelona terminó claudicando con un pasillo en el Santiago Bernabéu, signo inmejorable de un fin de ciclo en la ciudad condal, ante un Real Madrid a años luz de los blaugrana con una plantilla también a años luz de la actual. Y en esa tesitura fue como Sneijder se ganó el mítico ‘10’ blanco para su segunda campaña en Concha Espina. El que, sin entonces saberlo, sería el principio del fin para el neerlandés.

Lastrado por una grave lesión de rodilla sufrida en verano de 2008 ante el Arsenal, y arrastrando problemas personales, Sneijder se fue diluyendo cual azucarillo en agua esa temporada. Era más habitual verle en las discotecas de la capital española que sobre el tapete verde del Paseo de la Castellana, cerrando un curso nefasto para el Real Madrid con cambio de presidente y entrenador incluidos, donde el ‘10’ pasó totalmente inadvertido. Algo inadmisible para las aspiraciones del segundo proyecto de Florentino Pérez, iniciado el verano de 2009. Sneijder había perdido su sitio en el Real Madrid.
"Sin Mourinho a su lado, Sneijder volvió a descender a los infiernos, como si con su marcha se hubiera disipado de nuevo su magia"

Fue entonces cuando Mourinho le rehabilitó para el fútbol. Después de hollar la cumbre y descender a los suburbios, nuevamente ascendió meteóricamente a los cielos en Milán con el sorpresivo final ya antes comentado. Lo que tampoco se esperaba entonces es que, sin Mourinho a su lado, Sneijder volviera a descender a los infiernos, como si con el de Setúbal se hubiera disipado de nuevo su magia. Como el león que, sin su domador, es incapaz de atravesar el aro de un salto. O el Lemming que, sin alguien al mando, se deja caer por el precipicio. Lo que, después de tres raquíticas temporadas en un Inter en decadencia, han terminado por dejar al otrora motor de Holanda en 2010 con harapos de ex jugador a sus apenas 28 años, apurando sus últimas opciones en el fútbol de élite en una liga de segunda bien remunerada como la turca. Y sin que hasta el momento se haya visto tampoco siquiera una cucharadita del frasco de las esencias que, a discontinuos intervalos, destapó en Ámsterdam, Madrid o Milán.

Esa es la cruda realidad de un jugador que no hace mucho soñaba con ser el mejor del mundo en clubes, selecciones y citas de verdadera enjundia, y que ahora no deja de ser uno entre tantos. Una víctima más del fútbol, seducido por la vida del futbolista moderno, que no embriagado únicamente por el olor a césped. Parte relevante del fútbol hoy en día, son el picante en un mundo cada vez menos místico y visceral. Pero siempre irán acompañados de cierto ‘quejío’ por lo que no fueron y pudieron haber sido todos estos rebeldes sin causa del fútbol, entre los que se encuentra desde hace tiempo Sneijder. Quién sabe hasta dónde hubieran podido llegar todos ellos con un poquito más de voluntad, de cabeza y de amor por la pelota, sin trágicos fallecimientos paternos, abusos ni accidentes de coche como el primigenio rebelde Dean. De haber sido así, seguramente hoy no habría siquiera noticia de un reencuentro con Mourinho. Quizás, nunca hubiera tenido que abandonar Concha Espina por la puerta de atrás.

Artículos relacionados