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All Boys cumple hoy su primer centenario y luego de haber pasado la mayor parte de su historia en el Ascenso, recibe sus 100 años en un gran momento de Primera.

Luciano Román Garzo
Redactor
Goal.com Argentina
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Donde antes había tablones, hoy hay tribunas de cemento. Los espacios que antes eran ocupados por cientos de hinchas, hoy están abarrotados por miles de ellos. El que hoy es abuelo y había pasado toda su vida en el barrio de Floresta ya no tiene que luchar con su nieto como seguramente debe haber tenido que hacerlo con su hijo para convencerlo de que no hay nada más lindo que los colores blanco y negro.

A lo largo de sus 100 años de historia, All Boys ha tenido grandes momentos y otros que hoy afortunadamente se recuerdan como simples malas temporadas. Las primeras páginas de oro las escribió el plantel comandado por el colorado José Paladino, que logró el ascenso a Primera División en 1972. Luego de ocho años, llegó un golpe duro para el cuadro de Floresta: el descenso.

Después de más de una década sin alegrías, llegó una fecha que no sólo es inolvidable para los fanáticos del Albo, sino también para la estadística de la historia del fútbol argento. Empezaba el otoño de 1993 cuando el conjunto dirigido en ese entonces por Mario Rizzi visitaba a Defensores de Belgrano. Ante la clara posibilidad de campeonar que tenía el visitante, los dirigentes del Dragón aceptaron jugar en el estadio de Ferro y le cedieron casi todas las localidades a la parcialidad visitante, que no defraudó. Aquél día, más de 25 mil hinchas de All Boys colmaron las tribunas y fueron testigos de honor del tan esperado ascenso a la Primera B Nacional.

El año 2001 es recordado con recelo por una gran parte de los argentinos. La crisis no sólo fue económica para All Boys y toda su gente, sino también deportiva. El nuevo milenio no fue próspero para ellos y tuvieron que volver a sufrir un descenso.

Extensísimas campañas en la tercera categoría del fútbol argentino. Reducidos que truncaron la posibilidad de disputar una promoción y hasta un par de partidos empatados sin goles ante El Porvenir le negaron al Albinegro la posibilidad de volver al Nacional B, hasta que irrumpió en el club un hombre que sin dudas será recordado por el resto de la historia de esta institución: José Santos Romero.

Bajo su dirección técnica, All Boys se consagró campeón el 3 de mayo de 2008 ante Atlanta y desde ese día, el gráfico de ejes cartesianos que representa el buen momento del club extiende cada vez más su primer plano.

Comparado con el mismísimo Sir Alex Ferguson. Invitado a quedarse de por vida en el club. Adorado por jugadores, hinchas y dirigentes, Romero siempre mantuvo el perfil bajo que aún hoy lo caracteriza y distingue de muchos otros entrenadores. Sin embargo, la epopeya de este entrenador y sus jugadores tenía aún un capítulo más que debe ser contado.

Una vez finalizada la temporada 2009-2010, los emparejamientos de promociones indicaban que a All Boys le tocaba cruzarse con el difícil pero alicaído Rosario Central en pos de hacerse de un lugar en la máxima categoría del fútbol argentino, algo de lo que no gozaba hacía 30 años. El empate en el estadio Islas Malvinas había dejado casi sentenciada la serie. El equipo rosarino definiría de local, el Gigante de Arroyito iba a explotar de gente y para lograr el ascenso la única que le quedaba al equipo de Romero era ganar. Estaba todo en su contra.

No obstante aún quedan optimistas en este deporte, que son conscientes de que la cancha termina en el rectángulo y allí dentro juegan once contra once. Habrá miles tras los alambrados bramando como fieras, pero ningún grito es capaz de desviar la trayectoria de una pelota.

Efectivamente, el 23 de mayo de 2010, el Gigante de Arroyito fue testigo de una paliza. Un tres a cero lapidario, histórico. Tan grande como el estadio, como Rosario o como la ruta que transitaron los ingenuos hinchas de All Boys desde Floresta a Rosario. Un tiempo. El primero. Sólo 45 minutos precisó el equipo de Romero para vapulear al conjunto local, que entró al vestuario en el entretiempo sabiéndose casi descendido.

Para quienes aman este deporte, no hay nada más feo que perder un partido. Pero hay varias formas de que eso suceda y sin dudas la peor es que el primer tiempo termine de esa forma y al comenzar el complemento, percibir que el rival no dio el partido por ganado pero está tan fuerte mentalmente que tiene ganas de meterte tres más.

De Rosario volvieron, sin trofeo, injusticia del sistema quizá, pero con una alegría inconmensurable por haber logrado algo que hizo resurgir a un barrio. El sacrificio hizo que lo de All Boys no fuera un simple tour por la Primera División, sino que ha sabido ajusticiar a los colosos de la categoría, siempre con Romero en el banco, y llegó al quinto puesto en el Clausura 2012 con la misma cantidad de puntos que Boca y Vélez.

Jerónimo Ciffredi y Vicente Cincotta, creador y primer presidente del club, no pudieron ser testigos de lo que creció el humilde club de Chivilcoy y Jonte. Pero sin dudas, un barrio entero persigue a All Boys, motivado por una ilusión que ya tiene cien años pero nunca se desgasta.



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