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El hombre de la inmensa espalda de acero, empequeñecido como nunca. Hay ciclos en la vida y en el trabajo y este está agotado. Ni Boca ni Bianchi merecen este desprestigio mutuo.

El que pide disculpas una y otra vez es Bianchi. El que argumenta y argumenta dándole fundamento a excusas, el que se absorbe responsabilidades pero no cambia, el que sigue defendiendo una realidad ficticia, el que no logró darle identidad a un equipo en 18 meses, ese también es Bianchi. El técnico más ganador de la historia de Boca, el que agigantó su nombre, el más grande de todos los tiempos, el de la espalda de acero, empequeñecido como nunca.

¿A qué convicciones ilusorias se aferra Bianchi cuando dice que confía en revertir esta situación? Ya está bien, Carlos. Hay ciclos en la vida y en el trabajo, y este está agotado. Ni Boca ni Bianchi merecen este desprestigio mutuo. Pensar en resurrecciones insensatas, a esta altura, es egoísmo o necedad. El gran problema, la encrucijada en cuestión es que asumir el fracaso significaría reconocerse acabado profesionalmente. Pasar de ser el N°1 a no sentirte útil en lo tuyo.  

Bianchi no se da plazos, el fútbol se los pone, con más o menos margen que al común de los mortales. Boca es un desquicio. Padece cada partido con un complejo de inferioridad inverosímil para un equipo de aquel Virrey capaz de sacarle agua a las piedras. Justo él, hacedor de los días más gloriosos, inmerso en este agujero negro.

Boca debería tener 0 puntos sobre 12. Tiene 3 porque Belgrano falló en el final y Gigliotti la embocó de casualidad. Boca no tiene plan, no tiene norte. Boca está desprotegido, expuesto en sus miserias e incapaz de potenciar sus virtudes. Boca es un rejunte de indolentes desamparados.

La misma Bombonera que habló el 8 de diciembre de 2012 es la que ya no tiene uñas para devorar y evita descargar su ira prohibida contra la estatua. El dique del idilio ya no soporta semejante caudal de humillaciones. Angelici escuchó “al socio, que es el dueño del club”, y le señaló la salida al técnico que osó rebelarse al genio y tirano de Don Torcuato.

Ese DT languidece en Chile. Gareca pende de un hilo en Brasil. Guillermo tiene contrato hasta 2015 en Lanús y no quiere cargar con el peso de ser el inmediato sucesor de su maestro. Sea quien sea, ya está bien, Carlos. Es suficiente.

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