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Hace dos años, el club estaba en una aguda crisis económica, política y deportiva, sin un horizonte diáfano. Hoy, la final de la Libertadores es el premio.

La tristeza y la impotencia y la desilusión serán, seguramente, bien hondas si San Lorenzo no gana la Copa, la postergada Copa Libertadores. Será difícil, acaso imposible, consolar a los hinchas del 'Ciclón' si Nacional se consagra en Buenos Aires. Obsesión es la palabra que utiliza la hinchada azulgrana al referirse en sus cantitos (por cierto, los más originales de la Argentina) a la Libertadores. Basta, pues, imaginar el calibre de una eventual desazón.

Sin embargo, San Lorenzo ya salió campeón. Así este miércoles pierda en el Nuevo Gasómetro, su gente tendrá mucho que festejar. Habrá que secarse rápido las lágrimas, un breve pantallazo en la memoria debería ser suficiente para sonreír. Porque hace sólo dos años el club estaba sumido en una aguda crisis económica, política y deportiva.

Las internas en la dirigencia erosionaban la institucionalidad (de hecho, el presidente de aquel entonces, Carlos Abdo, finalmente no logró terminar su mandato), en las arcas había pelusas en vez de pesos y ni hablar dólares (mientras las deudas se amontonaban) y el equipo se mostraba en sintonía con esa coyuntura, debiendo jugar la Promoción ante un equipo de la B Nacional para evitar descender.

No se divisaba un horizonte diáfano ni mucho menos, pero la nueva dirigencia, encabezada por el presentador televisivo y empresario Marcelo Tinelli, y un hasta hace poco desconocido Matías Lammens, terminaron revolucionando el club, refundándolo. Se duplicó la masa societaria, se canceló el déficit mensual, se nutrió el plantel con inversiones a futuro, nada de jugadores golondrinas.

Los empleados empezaron a cobrar al día, se pensaron y ejecutaron obras para diferentes sectores. Los medios de comunicación empezaron a mencionar a San Lorenzo por (muchas) más buenas que malas noticias y se terminó de conseguir la vuelta a Boedo, ese Gasómetro y ese predio perdidos hace más de tres décadas.

Llegó un título, el Inicial 2013 y etcétera, etcétera. Hasta esta final de Copa se estiró el envión. ¿Cómo no creer, entonces, que si no es en esta ocasión, de mantenerse esta línea de trabajo será en la próxima, más temprano que tarde? Y que, mientras tanto, hay mucho presente por disfrutar...

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