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Hay demasiadas cuestiones atadas al resultado del domingo frente a River: Bianchi y los futbolistas tienen una bomba de tiempo en sus manos a punto de explotar. ¿Habrá heridos?

Se cierran las puertas, se amplifica el hermetismo. Se siente en el aire que dentro de unos días Boca tendrá una cita determinante. Allí, en la Bombonera, en su casa. River aparece como el mojón de un proceso que está suspendido de un hilo. Se preocupa por lo que pasa adentro, no tanto por lo que sucede en Núñez, o sí, pero es tan urgente la necesidad de dar una definitiva muestra de carácter que no tiene demasiado tiempo para determinar si la inflamación de dedo del pie de Cavenaghi lo favorece o no. Es que los Xeneizes saben que el Superclásico es el reloj de una bomba de tiempo que está instalada en el corazón de la Ribera.

Del resultado del domingo próximo están atadas demasiadas cuestiones: la salud en la convivencia del plantel, el vínculo con el público, las energías del entrenador, la continuidad de muchos jugadores, la autoridad de los dirigentes y hasta afuera del campo, con la barrabrava, la tensión estará en su máxima expresión.

Todo en 90 minutos. Las aspiraciones de un equipo de ser campeón y la imperiosa necesidad de un club que, desde el regreso de Bianchi, no puede encontrar el rumbo. Aunque claro, también ha demostrado este grupo que ganarle a River no representa nada, porque el último cruce, en el Monumental, quedó en manos de Boca, por aquel gol de Gigliotti, y la irregularidad de los Xeneizes dominó la escena posterior.

De todas maneras, este domingo existen muchos motivos más intensos en juego. Incluso, por encima de quedar cerca de la cima y poder superar a River en la tabla. Porque de no lograr un resultado favorable, el maquillaje que se utilizó para disimular las imperfecciones internas se terminará corriendo y dejará expuestas más que nunca las marcas que quedaron de aquel escándalo entre Orion y Ledesma. Pero también será una buena prueba para determinar cómo reaccionarán algunos personajes ante semejante acontecimiento. Es que no son pocas las voces que hablan que puede ser el último clásico de Juan Román Riquelme, no sólo porque el jugador podría terminar su carrera cuando finalice el torneo, sino porque además es cada día más fuerte la versión que indica que los dirigentes no accederán a renovar el vínculo con el capitán.

Incluso, también para Fernando Gago será especial, porque su nivel está muy por debajo de las expectativas y la paciencia de la gente con el volante está en descenso. De la misma manera, Juan Manuel Martínez está enfocado en poder tener una nueva chance desde el arranque. En el último duelo con los Millonarios fue determinante, pero el Burrito sabe que se juega mucho más que un partido, está en discusión su continuidad y la confianza dentro del grupo. De todas formas, todo el plantel sabe que buena parte de su futuro en el club se pondrá sobre el paño el domingo en la Bombonera. Y en ese contexto Bianchi debe determinar si juega Martínez o Acosta, si el sistema es el indicado, si vuelve el Cata Díaz, si entra Erbes...

Estarán expuestas también las credenciales del técnico. Más allá del deseo del DT de continuar después de junio, una caída ante River podría explotarle nuevamente un frente de cuestionamientos que se sabe que incomodan al técnico. Es que el Virrey conoce que no tiene todo el consenso de los dirigentes, que algunos hasta dicen por lo bajo que el tiempo de Bianchi está terminado, pero el técnico insiste en que su compromiso es con la gente y hasta que los hinchas no lo reprueben, tiene deseos de seguir.

Y Daniel Angelici también comprende que ante River estará todo muy a flor de piel. Él será quien deberá tomar las determinaciones en junio, será también a quien no le deberá temblar el pulso para renovar o evaluar contratos y hasta tendrá que mostrar poder de conducción, en un club en donde la interna de la barrabrava es cada día más caótica. El último partido, ante Argentinos Juniors, detuvieron a 20 barras con armas blancas y unos carnets apócrifos. Este grupo se dijo que respondía a Rafael Di Zeo y para este domingo la historia parece no ser muy diferente. Hasta se habla que habrá nuevos intentos de enfrentamientos, pero dentro del estadio. Y el presidente de Boca también sabe que una derrota en el duelo del domingo puede desbordarlo y provocar una ola de conflictos que por ahora están detrás de una compuerta que luce endeble.

Un partido, un Superclásico con demasiados condimentos para Boca. Por eso tanto celo sobre los entrenamientos de los próximos días, todos a puertas cerradas, y respecto a la formación para recibir a Ramón Díaz y compañía. Es que bajarse, ante River, definitivamente de la lucha por el título, puede detonar la bomba que haga volar por el aire a más de un protagonista de esta historia.

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