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La temperatura, las rutas, las obras que están lejos de cumplir con los tiempos, problemas para los hinchas, lluvias y mil cosas más que pueden complicar el éxito de la Copa.

 Ariel Rodríguez
 Columnista Goal
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Hasta acá llegó Blatter. Un día se hartó de la organización de la Copa del Mundo y le descargó todas las críticas juntas. Que no tomó conciencia, que es el país con más retrasos que recuerde, que fue el único con siete años para prepararlo, que cree que habrá más manifestaciones en las calles… El Presidente de la FIFA se cansó de proteger a Brasil y explotó, aunque lo que dice no es ninguna novedad para aquellos que vivimos la Copa Confederaciones.

Los hinchas alemanes tendrán en el Mundial los mismos inconvenientes que tuvieron los españoles hace unos meses. Al tener que movilizarse por el nordeste, creerán que alquilándose un auto podrán moverse con tranquilidad. Será todo un paseo como en este tipo de eventos, conocer ciudades y ver fútbol. Pero, la pesadilla empezará al encontrarse con rutas en mal estado en lugar de autopistas y con viajes de ocho o nueve horas para recorrer 400 kilómetros.

Si alguna Selección decide instalarse en Recife sufrirá lo mismo que Uruguay. Las lluvias, muy comunes en esa ciudad en esa época del año, transforman al tránsito en una red más espesa que lo habitual e inundan todos los centros deportivos. Los uruguayos estuvieron horas atrapados entre autos y se encontraron con canchas inutilizables. Reclamaron, pero ya era tarde. Nadie pensó que un equipo de fútbol tenía que entrenarse y que en esos días llueve más que en el resto del año. Les puedo asegurar que al Maestro Tabárez le nombran a Recife y sólo tendrá malos recuerdos.

Mencionamos a las rutas y a los campos de entrenamiento. Dos de los tantos problemas que tuvo Brasil al encargarse de un torneo menor con respecto de una Copa del Mundo. Podría mencionarles muchos más…

Pasaron los meses y no hay solución, aunque a mediados de 2013 ya se veía que Brasil estaba dejando pasar el tiempo y no aparecía muy preocupado en mejorar algunos aspectos como país organizador.

Desde la FIFA siempre reconocieron, por lo bajo, que nunca se encontraron con tantos inconvenientes. Sí tuvieron que mejorar algunos aspectos de ciertos países. Por caso, Sudáfrica, todo un punto de referencia a la hora de pensar en naciones con cuentas por saldar, tenía autopistas, aeropuertos, hoteles, campos de entrenamiento, y sólo tenía que mejorar algunas cuestiones como los estadios y la inseguridad en las calles. Brasil no suma demasiados ítems a favor, diría que casi ninguno, pero tiene la pasión, el color y toda la tradición. Brasil es fútbol, y con eso alcanza para organizar un Mundial. Así lo siente la FIFA, aunque a meses del comienzo de la gran cita ve que los tiempos se terminan y faltan demasiadas obras en los estadios. Por eso, Blatter criticó con dureza. Busca un impacto para que los organizadores ajusten la mira en los últimos ladrillos para poder gritar al mundo que finalizaron las obras y que Brasil está listo.

Ya corrió demasiada agua en este río. Basta de idas y vueltas en temas organizativos. Aunque la mayor preocupación tal vez esté en las manifestaciones. Blatter reconoció por primera vez que en el Mundial pueden estar mejor organizadas. Y yo no puedo dejar de pensar en la pareja de uruguayos que fue a pasear a la Copa Confederaciones. Ambos cerca de los 60 años, él amante del fútbol y ella aventurera y compañera. Buena ocasión para mezclar playa y fútbol. Pero, cerca de un estadio, se metieron sin darse cuenta en una protesta y terminaron perdidos y separados. El temor y el disgusto fue tan grande que ella decidió no acompañarlo más. Entonces, él ya no irá a la Copa del Mundo.

Así está Joachim Löw. Preocupado o asustado por lo que vio y queriendo llevar a su Alemania a Brasil, tratando de escaparle a todos los inconvenientes de ese país. Construirá un hotel alejado del ruido, del movimiento, del tránsito, de la gente y vivirá en una especie de spa al borde de la playa, con canchas de práctica y un aeropuerto a pocos kilómetros. O sea que se aislará y viajará para jugar. Si hay problemas en Brasil, que no se noten. Aunque imposible, a esta altura, que pasen desapercibidos.

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