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El técnico de Boca volvió a recurrir al 4-2-3-1 en la práctica de hoy. Esta formación podría ser puesta a prueba en los amistosos de verano, con Martínez más retrasado.

''Sólo los imbéciles no cambian de opinión". Esta es una de las frases preferidas de Carlos Bianchi, atribuida al emperador francés Napoleón Bonaparte. Del dicho al hecho hay un trecho que el entrenador de Boca está recorriendo en este comienzo de pretemporada. El Virrey decidió abandonar, al menos transitoriamente, el esquema que siempre lo definió como DT (4-3-1-2) y probar con una nueva variante (4-2-3-1), al estilo europeo, más práctica y aggiornada a los tiempos que corren. Así, esta mañana los titulares derrotaron a los suplentes 1 a 0 con gol de Emmanuel Gigliotti.

El cambio se advirtió en las primeras prácticas de fútbol de 2014, incluso en el ensayo de este miércoles. Bianchi sabe que Juan Román Riquelme es, a riesgo de lesiones e intermitencias, fundamental para potenciar al resto de sus compañeros. Sabe también que sólo no puede, que no es el mismo futbolista de hace diez años, capaz de cargar con el peso de la creación rodeado de volantes con más tesón que juego. Entonces decide retrasar a Juan Manuel Martínez, aproximarlo a la posición del 10, buscar que se potencien, que se abastezcan, quitarle previsibilidad al medio de Boca. La idea podría ser aplicada en los amistosos de verano, evaluada sin el capitán pero proyectándolo como eje de esta nueva geografía de juego.

¿Cuáles podrían ser las ventajas de este retoque? La liberación de Riquelme, sin dudas. Durante el Torneo Inicial, la mayoría de las veces que jugó sintió la falta de acompañamiento. Sin Fernando Gago –coincidieron poco y nada–, la marca del mediocampo rival se abocó casi en exclusiva a él, que sin embargo se las ingenió para hacer su juego y no pasar desapercibido. Con Martínez arrancando de atrás aumentan los caminos para llegar al área.

¿Y cuáles las desventajas? Dividir las energías de Martínez entre tareas propias de su posición y colaboraciones defensivas. Puede decirse que Bianchi ya utilizó esta formación ante River en el Monumental. Esa tarde, el exdelantero de Vélez se preocupó demasiado por obstruir los avances de Leonel Vangioni y desatendió sus desbordes y gambetas tradicionales. La única vez que prosperó una jugada en sus pies terminó en el gol de Gigliotti. En Vélez, el delantero se destacó jugando en esa posición y procurándose terreno para encarar con pelota dominada. Pero Ricardo Gareca nunca lo cargó con obsesivas persecuciones a los laterales contrarios.

El desafío que conlleva la nueva propuesta es disciplinar a los encargados de recuperar la pelota para cubrir el retroceso que evitaría hacer el 7. Nada sencillo si se repasan las características de los otros tres ocupantes del medio: Gago, Pablo Ledesma y Juan Sánchez Miño.

La idea es que Riquelme no ocupe en soledad una línea de ataque, el espacio que se forma entre los delanteros y los volantes. Poblar las coordenadas de Román con un gran llevado de pelota como es el Burrito. Para ello, Gigliotti se sacrifica con un poco de soledad. Inevitable pagar este movimiento de fichas desprotegiendo al Puma. Pero el 9 no depende excesivamente de la compañía para cumplir su tarea de meter goles.

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