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Cruz Azul fue abandonado por Teo Gutiérrez y siente cualquier cosa menos simpatía por River. Entonces, hace lo que puede para hacerles pagar el desplante.

River no ayudó demasiado. Los dólares que no se consiguen no ayudaron. La intención de Teo Gutiérrez de irse de un club que le pagaba al día no ayudó. Pero hoy, luego de que River le hubiera depositado el dinero a Cruz Azul, la única explicación por la que no puede jugar el colombiano es por vendetta.

Hay cosas que se le escapan al conocimiento del hincha. El seguidor de fútbol hay cosas de los plazos bancarios que no tiene por qué entender. Pero seguro que sabe que no es normal que un equipo bloquee ese famoso tránsfer -¿quieren saber cómo es el tránsfer?- durante tanto tiempo.

Ya pasaron cuatro partidos de esta temporada y está en duda si llegará al quinto. ¿Por qué?, se pregunta el tipo que va a la cancha.

La respuesta se puede encontrar en el título de esta nota. Cruz Azul está molesto y tiene muchos motivos para estarlo. Lo interesante es hasta dónde puede llegar el despecho de un club.

Se sabe que un amante despechado puede llegar a pensar con frialdad cómo devolver el dolor a quién lo lastimó. Pero un club podría guardar la compostura. Aunque su jugador estrella dio un portazo porque tenía ganas de irse a jugar a River y a pesar de que el club argentino negociaba con cualquiera menos con ellos, todo tiene un límite.

Diego Turnes es el hombre clave en la negociación. Se la bancó solito contra las distintas voces que respondían el teléfono en el DF. Se plantó cuando un comunicado amenazó con ir a la FIFA. Habló una y mil veces con cada periodista que lo llamó. Pero no pudo resolver lo más importante: que Cruz Azul permita que Teo juegue antes del plazo final.

Turnes dijo que apelaba a la buena voluntad. Algo que ni Teo ni River tuvieron. Y tampoco la mostraron desde México. Ahora vale preguntarse: ¿podrá Cruz Azul hacer llegar mucho más lejos su venganza?

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