thumbnail Hola,

El ex entrenador de la Selección volvió a hablar de Boca y no tuvo piedad con el enganche ni con el DT; ídolo, hincha, polémico, el Diego es noticia cada vez que abre la boca.

Al parecer, a Diego Maradona se le acabó la paciencia con su Boca, hoy engalanado por Juan Román Riquelme y Carlos Bianchi. Dos hombres que siempre fueron de su paladar, han agotado sus créditos y ya no parecen formar parte de la estima del más grande jugador de todos los tiempos. No llama la atención que Maradona cambie de opinión o se contradiga, características que definen su esencia, pero sí la confirmación del hombre que todo lo convierte en noticia de que un ciclo se cumplió.

"Bianchi es un hombre preparado. Es un hombre que vio fútbol internacional, vio fútbol local. No se cuestiona. Yo creo en Bianchi y estoy totalmente tranquilo porque el fútbol se lleva en la sangre, no se lleva en el hecho de dos o tres malos resultados", decía Diego sobre el Virrey en febrero de este año, desde la comodidad de Dubai. Allá, donde cobra un sueldo como embajador deportivo de los Emiratos Árabes por sacarse fotos con deportistas famosos, también hablaba del regreso de Román: "Tiene que jugar, divertirse, la mejor decisión que pudo tomar Riquelme es estar de nuevo con sus compañeros, de correr atrás de la pelota. Está preparadísimo, ha ganado todo, así que le deseo lo mejor".

Hoy, la desazón por el penúltimo puesto en el Torneo Final, y la eliminación por penales ante Newell´s en la Copa Libertadores parecen haber modificado el panorama, y a su regreso al país Maradona volvió a cambiar de opinión para hacer carne el sentimiento de muchos hinchas: “Todos queríamos que volviera Riquelme, volvió. Todos queríamos que volviera Bianchi, volvió. Todos queríamos un Boca arrasador y terminamos como el River de Simeone (acabó último en 2008)”. Sin remate.

"No hay ídolo si no demuestra en la cancha, y estamos viendo que no está demostrando", dijo sobre ese enganche soberbio que abandonó la Selección Argentina cuando el propio Maradona asumió el rol de DT. Y agregó: "Es la primera vez que yo hablo después de tanto tiempo. Ojalá que le vaya lo mejor posible: que saque campeón a Boca, que sea goleador, que haga los mejores goles... porque el Riquelme jugador para mí es un fenómeno, pero el Riquelme persona nunca me dio la posibilidad a mí de escupirle en la cara o de decirle lo que yo pienso".

Bianchi no la pasó mucho mejor. “Ocho años sin entrenar es mucho. Ojalá le haya tomado la mano al equipo. A pesar de que no me lo fumo a Bianchi, ni a varios, Boca es más grande que todos los que pueden estar en el club", disparó ahora.

Maradona sabe que todo lo que dice se convierte en pocos segundos en noticia, ya sea en los diarios de Argentina, Inglaterra, Dubai, Indonesia o Japón. Contra la opinión de la gran mayoría, el astro ha sabido conservar a los 52 años retazos de lo que hacía en la cancha. La saeta que con su zurda indescifrable desorientaba rivales, hoy mantiene el mismo don para dejar oídos desorbitados cada vez que se para frente a un micrófono. Con ritmo cansino, a veces excitado, violento y agresivo o mediador y reconciliador, serio y formal o un tanto entonado, las formas no resisten análisis. Pero Maradona siempre sabe a qué personas poner de su lado y a qué séquito empujarlo detrás de la línea de los enemigos.

Así como en 1997 dijo "si un día me cruzo con Bianchi por la calle, lo escupo", y en 2003 reconoció que "gracias a Dios Boca tiene a Bianchi", el debate no está en la contradictoria personalidad de Diego, sino en el crédito agotado por este equipo. Quizás, en cuatro meses, los elogios vuelvan a salir en forma de flores de la boca de Diego, pero ahora Maradona sólo puso en palabras, como flechas, el malestar de tantos hinchas. Hoy, en este recorte de la realidad, momento único e irrepetible donde no entra en juego ninguna contradicción, a Boca no lo ayudan sus ídolos, ni dentro ni fuera de la cancha.

Artículos relacionados