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Se terminó el Torneo Final, se salvó Argentinos y San Martín perdió la categoría. Newell's, el héroe de la película; los grandes, las decepciones. El último acto fue dramático.

Asombra la fidelidad de este último acto. Consecuente con la obra, presentó los mismos argumentos que fueron llenando la trama durante las anteriores dieciocho presentaciones. Drama, angustia, desahogo, histeria, violencia, lamentos, agradecimientos. El fútbol argentino no deja nunca de serlo. Ni siquiera en la última fecha.

San Martín interpretó el papel del buen tipo que termina muriendo injustamente. La buena conducta futbolística que exhibieron los sanjuaninos en esta última mitad del torneo no fue recompensada en el resultado. La derrota vs River lo condenó a jugar la próxima temporada del Nacional B. ¿Por qué esperó tanto para convertirse en el equipo que terminó siendo? ¿Qué causas explican la tardanza de una versión final que, de haber aparecido antes, hubiera cambiado la historia? Es achacable a los dirigentes, al presidente Miadosqui, rápido al momento de salir a reclamar por los arbitrajes, lento para advertir soluciones tempranas.

Argentinos Juniors fue el arquetipo del resto de los personajes de la obra. El equipo de Caruso Lombardi terminó salvándose del descenso. Y ese dato justifica la alegría, sin más. No importa que Argentinos haya comenzado la temporada lejísimos de los últimos puestos del promedio. Menos importa el horizonte sombrío que asoma por el periscopio del Bicho: sin contar a los ascendidos, arranca la próxima temporada con el peor promedio.

En el fútbol argentino la obscenidad se viste de conformismo, de resultadismo extremo, de cifras depuradas de todo contexto. Se explica con periodismo de playa y sus argumentos empolillados. Entonces, legitimado este escenario, ¿quien sería capaz de reclamarle algo a este Argentinos? ¿Y quién de cuestionar a Caruso Lombardi, rey en una selva sin leones?

Siempre hay un Newell’s que juegue como… que juegue como juega Newell’s. Es para celebrar la lección que dieron los muchachos del Tata Martino. Un festejo de campeón que, yapa simbólica, tuvo una demora de cuatro días. ¿La causa? (más fácil comprender la teoría de la relatividad) puede resumirse en una sola palabra: desorganización.

El héroe de la película es este equipo rosarino. Papel excluviso. Y merece un Oscar, premio al menos temeroso. Porque se equivocan los que dicen que Newell’s no siente miedo de jugar. Es imposible tratándose de una disputa como lo es el fútbol. El mérito de la Lepra es saber sobrellevar esos temores y esa presión, espantarlos con el fútbol de su escuela.

Para los grandes será un torneo olvidable. Lo de River, según Ramón Díaz, fue digno de reconocimiento. Justo el riojano, que reclama grandeza a viva voz, paladeando con gusto un segundo puesto. Racing todavía tiene demasiado acné en la cara para sentarse a la mesa de los discutidores. San Lorenzo demoró en su apuesta más eficaz y entre medio tuvo que soportar el drama Migliore. El problema de Boca es que nunca dejó de ser el Boca de este semestre. Ayer, en Mendoza, replicó en 90 minutos todas las fobias que lo hostigan desde principios de año. Fobia a no cometer penales ni errores defensivos, fobia al fútbol bien elaborado, fobia a mirarle la cara a los arqueros rivales. El equipo de Carlos Bianchi perdió el conocimiento, terminó penúltimo y concretó la peor campaña de su historia.

El Torneo Final será recordado por el descenso de Independiente y por la lección de buen fútbol y eficacia que ofreció Newell’s. Siempre en los extremos, la tragedia y el éxito, la cordura y la desquicia. El guionista de esta película reafirma su marcador fluor en los extremos de la hoja. En el medio, los deshechos del libreto: sospechas por arreglos de partidos, sospechas por el honor de los árbitros, sospechas por las capacidades de los futbolistas. Tal vez sea una cuestión de originalidad, de reinventar los conflictos y sentarse a ver otra película. Así las cosas, así nuestro fútbol. Por qué habría de cambiar en la última fecha.

  

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