thumbnail Hola,
Martino se queja por los calendarios, la violencia, y más temas. Pero antes piensa.

¿Y vos de qué te quejás?

Martino se queja por los calendarios, la violencia, y más temas. Pero antes piensa.

Martino Newell's

Los que ganan y los que pierden. Hasta Martino se queja y lo hace con razón. ¿Qué le quedará al fútbol argentino cuando se vaya el más lógico de sus entrenadores?

Se quejan los que pierden. Se quejan justa o injustamente, pero todos caen en la misma bolsa, porque el resultado distorsiona todo. Pero también se quejan los que ganan, y da lo mismo.

Se queja Gerardo Martino. Se quejaba al volver al fútbol argentino, hace un año y medio, pero entonces parecía un quejoso más, que debía ponerse en la fila. No deja de quejarse Martino, incluso ahora, ya campeón. Y para no seguir quejándose, Martino se va. Y todo lo bueno que podía seguir dejándonos, se va con él.

En definitiva, se queja Martino de que otros ven lo mismo que él, pero nadie hace nada. Se queja de calendarios insólitos, absolutamente espantosos, mal armados, ni siquiera pensados, calendarios continentales o locales, que empujan a los futbolistas de su equipo y a sí mismo a tener que elegir entre quedarse a perseguir la gloria en la Copa Libertadores por haber hecho las cosas bien o cumplir el sueño (sobre todo, para muchos de sus dirigidos) de concretar una transferencia al exterior con un costo altísimo, el de la sensación de culpa a cuestas.

Se queja Martino del alarmante amateurismo (siendo buenos) de quienes diagraman los horarios de los partidos de cada fecha. Se queja de que no hay planificación posible. De que cualquier club pide jugar otro día porque el clásico le queda muy pegado al partido anterior, o al siguiente, porque justo ese fin de semana alquiló su estadio para un recital, para una pelea de boxeo, para un casamiento.

Se queja Martino de la improvisación, porque la improvisación mancha, y genera dudas, y el fútbol argentino está cada vez más envuelto en sospechas, que en lugar de disiparse se retroalimentan. Se queja de que cualquier partido se juegue sin público visitante por la razón que fuere, de que los equipos que luchan por un mismo objetivo (por el título o por no descender) no jueguen a la misma hora. Se queja de que los barras entren a los vestuarios y tajeen el rostro de un arquero con una sevillana, o de que cada fin de semana cualquier hincha pueda ser asesinado en un estadio. Se queja de que un equipo se consagre campeón en un hotel. Se queja de que se juegue tan mal y que nada de esto ni siquiera preocupe. Se queja de lo que para el fútbol argentino ya es normal.

Se queja Martino y se va. Se lleva muchas respuestas, explicaciones que nutrirían al resto, la fórmula de cómo reconstruir desde las cenizas a un club acogotado por el promedio hasta convertirlo en uno de esos equipos campeones cuyo recuerdo brotará sin esfuerzo. Nos quedará un Martino menos. Hasta que llegue otro que con energías renovadas sienta que es posible cambiar, y se la pegue de frente contra el cordón, y se vaya. Ganador o perdedor, se vaya. Como Martino. ¿Y si nos quejamos de que se vaya Martino?

Artículos relacionados